El arriesgado desafío de Messi

Messi ha decidido paralizar su renovación con el Barcelona porque medita irse a final de la próxima temporada. A su edad, 33 años, esta noticia no debería pillar a nadie de sorpresa ni suponer un gran trauma, a no ser que seas Messi y esto sea el Barça. Esta decisión no parece ser producto de una reflexión vital de alguien que madura una retirada o un deseo de jugar sus últimos años a otro nivel. Tal y como se dio a conocer por El Larguero, suena a aviso a navegantes para Bartomeu, a mensaje de que no le gusta cómo se están haciendo las cosas, cómo están saliendo, ni el resultado que se espera. Messi, que según la SER se queja de que le señalen como el que más manda en el Camp Nou, actúa demostrando que en realidad es así. Sus palabras, a un año de las elecciones, sacuden la institución de arriba a abajo. Si quería demostrar que es uno más, ha conseguido claramente el efecto contrario.

Messi tiene un poder inmenso. Se lo ha ganado a pulso porque lo que ha hecho en el campo no sólo le sitúa como el mejor sino porque ha permitido al club no ya sobrevivir, sino vivir como un rey ganando títulos cuando la gestión de los últimos años era para echarse a llorar. Si se ha seguido ganando, es por Messi, de eso no hay duda. Pero el desafío que plantea Leo es muy arriesgado y puede costarle una mala salida del club si no se gestiona con sumo tacto. Los ultimátums no le valen al socio, que en caso de duda siempre estará a favor del club por encima de la estrella aunque esta se llame Messi. El barcelonismo en general, el sociológico, el de las redes sociales, el del mundo indudablemente están del lado del astro, pero el socio que va al Camp Nou y vota siempre va a poner a la institución por delante y ejemplos hay a patadas. Pasó con Kubala, con Luis Suárez, con Schuster, con toda la plantilla en el Motín del Hesperia, con Cruyff y con Guardiola. Con Messi no creo que sea diferente.

El socio necesita saber por qué Messi anuncia ahora esta decisión en un momento tan delicado deportivamente para el equipo azulgrana. Si es que no se fía de esta junta, cosa que no me extraña en absoluto, sólo tiene que esperar a las elecciones y decirlo claro entonces. Si lo hace porque está descontento respecto lo que se rumorea de él, el efecto es absolutamente el opuesto; si lo hace para exigir alguna cosa, sea deportiva o económica, ha elegido el peor momento posible. Con el Barça desangrándose en LaLiga y con la Champions, esa competición que él mismo consideró que no estaba al alcance de la actual plantilla, como única tabla de salvación, lo único que hace es abrir un nuevo boquete en una nave que tiene vías de agua por todos lados.

Decida quedarse o irse, Messi ha dado al barcelonismo un baño de realismo. Su salida está más cerca que lejos. Ante eso, lo único que se puede pedir es que ambas partes jueguen limpio y que se retire, cuanto más tarde mejor, como la leyenda que es.