La factura de Benzema

Cuando HBO anunció que retiraría temporalmente Lo que el viento se llevó de su catálogo en Estados Unidos tras una columna de opinión de John Ridley, guionista de 12 años de esclavitud, en la que solicitaba la medida porque la película perpetuaba “los estereotipos más dolorosos para las personas de color”, me acordé de Benzema. Las películas son criaturas de su tiempo y de su contexto y, para el que escribe, no es conveniente juzgarlas con el ojo actual (cinco días después volvió a la plataforma con una aclaración sobre el contexto histórico del filme). Igual que las críticas pasadas al delantero francés del Real Madrid. Benzema es un jugador extraordinario, cuya virtud es la diferencia. Es un genio porque es un innovador. Nunca se ha puesto en duda su brillantez. Contra el Espanyol volvió a inventar. Y pintó un taconazo que acabó en gol de Casemiro. “Me salen cosas”, dijo Karim tras el partido con ese aire de artista bohemio que explica en tres palabras lo que para muchos es inexplicable. A esa hora, varios de sus seguidores, que cada vez son más legión, volvían a lanzar reproches a los que han (hemos) sido críticos con el francés. En las últimas dos temporadas, los fanáticos de Benzema se han convertido en una suerte de arqueólogos virtuales que ven los partidos con una rasqueta, un pico, una pala y una escobilla para, llegado el caso (gol o genialidad), excavar en el pasado para encontrar algún tuit o artículo que te deje en cueros y pasarte factura. Tengo un amigo que, desde que Mourinho comparara al galo con un gato, cada vez que el artista cuelga en el museo una de sus obras me manda un WhatsApp: “Te lo dije”. En el descanso del Espanyol volví a recibirlo: “Te lo dije (XXVII parte)”.

Pero, como en el cine, hay que saber cuál es el contexto. Si este neoBenzema se hubiera mostrado desde sus inicios en el Madrid no habría existido debate. La controversia se genera cuando existen posturas claramente diferenciadas, argumentando desde su posición para modificar la opinión del de enfrente. Y con este Benzema no hubiera habido polarización de opiniones. Pero no siempre ha sido así. Su rendimiento, en más de una temporada, fue cuestionable. En la 2017-18, por ejemplo, acabó sólo con cinco goles en Liga (32 partidos). La anterior, la del doblete, con 11. En muchos encuentros desesperó al Bernabéu por su indolencia. El contexto es el contexto.

Que Cristiano absorbía los goles es evidente. Pero a Benzema se le pedía que complementase sus pinceladas de artista con más efectividad, que no fallase lo 'infallable' por no estar lo suficientemente enchufado. Perdonar demasiado delante del portero no era cosa de Cristiano, que asumía toda la presión en situaciones complicadas, que siempre daba un paso al frente. Tal vez ese liderazgo del portugués instaló al francés en cierta comodidad. Entendía su relación con el ‘7’ como una suerte de sumisión. Pero cuando vio a Cristiano en Turín y a sí mismo solo ante el peligro, sacó el remo. Hay quien sostiene que solo en soledad podemos crecer y madurar de una manera nunca antes experimentada. Y el de Lyon lo ha hecho. Sus dos últimas temporadas están siendo extraordinarias. Se ha sacudido la melancolía y se ha colocado el brazalete. Este Benzema sí es de catálogo.