Ponga un Vinicius en su vida

La vitalidad marca diferencias en este periodo inaudito del fútbol, marcado por su regreso en unas condiciones excepcionales, después de varias semanas de confinamiento y un calendario supersónico. Todo indica que el Real Madrid tiene más motor que todos sus rivales y que está preparado para llevarse el campeonato. En Anoeta, sin público pero con la siempre tenaza oposición de la Real Sociedad, el Madrid se impuso por juego, goles y pujanza. Nadie como Vinicius para demostrarlo.

El joven extremo brasileño dominó la banda izquierda y desde allí rompió el partido. Fue su primera aparición como titular desde que se reanudó la Liga, en una posición que tiene dueño fijo: Hazard. Es un obstáculo enorme para su titularidad, un desafío disuasorio para cualquier jugador que no disponga de buenos recursos futbolísticos y de apetito competitivo. Vinicius, que siempre parece estar en periodo de examen, proclamó en Anoeta su categoría como delantero y una voluntad a prueba de balas. Quiere ser alguien en el Real Madrid.

Alrededor de Vinicius ha arraigado un problema difícil de resolver en el fútbol: el prejuicio que mide a algunos jugadores más por una carencia que por sus abundantes virtudes. Sobre el brasileño gravita la idea de su dificultad para finalizar con goles sus jugadas. Es una sospecha más que cierta. Desde luego no es un reloj en este arte. Otro reproche, este de carácter más leve, es la ausencia de pausa, defecto complicado de resolver en un velocista que saca ventaja de su extraordinaria aceleración. Sin embargo, Vinicius aprende rápido. Cada vez reparte mejor sus intervenciones.

Las numerosas cualidades de Vinicius no son corrientes en el catálogo de los jóvenes futbolistas. Su tremenda velocidad está asociada a una potencia del mismo calibre, combinación irresistible y muy poco frecuente en un chico de 19 años. Menos habitual es su incombustible energía. Es raro un jugador tan explosivo y tan resistente a la explosión. Por lo general, los velocistas puros administran sus esfuerzos con gran cuidado. No suelen ser un prodigio anaeróbico. Vinicius es un caso extraño de máxima velocidad y máxima generosidad. Nadie del equipo se pudo quejar en Anoeta de sus dos recorridos: un cohete para atacar y un soldado para defender la posición de Marcelo.

El Madrid fue profesional y jugó con autoridad, pero sobre todo fue inteligente para detectar el duelo más favorable en el campo. Lo protagonizó Vinicius con otro joven, el lateral Gorosabel, un futbolista que hará carrera en la Real Sociedad, donde siempre hay paciencia para dar oportunidades y pulir a los más jóvenes. En el Real Madrid, no. Achraf salió del equipo con 18 años, después de ofrecer detalles brillantes y evidenciar las dificultades de los inexpertos. Dejó el Madrid sin ruido y con etiqueta sospechosa. En el Borussia Dortmund se ha revelado como un proyecto de excelente futbolista.

Vinicius es una bala que suele resultar incontenible. Eso no tiene precio en el fútbol. Agita los partidos y muchas veces los rompe, no en encuentros de medio pelo, sino en las grandes ocasiones. Frente al Barça, contra la Real Sociedad, por ejemplo. Le gustan las grandes ocasiones, cualidad que siempre se exige en el Real Madrid pero que no todos cumplen. Vinicius es todo menos un pusilánime. Quiere triunfar y quiere hacerlo en el Real Madrid, no importa la competencia que encuentre en la plantilla. Y sí, le falta afinarse en la definición. No es una asignatura cualquiera. De todo lo demás, este chaval de 19 años está sobrado.