El Madrid, en Fase 3

Silencio, se juega. Era un día especial, diferente a todo lo que habíamos conocido. La monumentalidad escénica sustituida por la coqueta arquitectura de ese Di Stéfano diseñado para el Castilla. Nadie en la rotonda esperando a los jugadores, más que nada porque ya estaban dentro. Un cordón policial estricto y perfecto, que impedía cualquier salto de espontáneos con ganas de un minuto de gloria como sucedió en Son Moix el sábado. Medidas de sanidad respetadas al máximo. Perfectas Marta y Raquel en el protocolo con la Prensa para dirigirnos hacia nuestros pupitres. Limpieza de ordenador para evitar cualquier riesgo. Mascarillas y pack de guantes y gel hidroalcohólico. El único sonido llegaba de los golpeos de los jugadores en el calentamiento y del canto de los pajarillos, que tuvieron entretenida la tertulia del Carrusel hasta que empezó a roda la bola. Yo creo que eran mirlos, que ya se sabe que son blancos. Saltaron los dos equipos al campo, tronaba el himno de la Décima, todos en sus puestos... Pero no había público, nadie jaleaba los nombres de los hombres de Zidane cuando el speaker cantó las alineaciones por megafonía, nadie gritaba “¡Hala Madrid!”. Sólo se rompía el silencio con las instrucciones de los jugadores cuando empezó la batalla. “Churu (es Sergio Ramos), sal tú”; “Eden, vete”; “Karim, devuélvemela”; “Marce, me voy”; “Carva, te doblo”. “Toni, qué chicharro”. Daba gusto. Un fútbol nuevo que demuestra la máxima que le escuché una vez al Loco Gatti: “El fútbol es de los futbolistas”. Amén.

La pegada. Le sucedió al Barça en Mallorca, donde metió cuatro goles a un rival que tiró más veces a gol. Pero quitando a Kubo, que exigió varias veces a Ter Stegen (ese japonés pondrá en pie al Bernabéu en 2022), el peso del gol lo llevó el Barça con cada llegada. Metió cuatro y pudieron ser más. Pues el Madrid de Zidane se aplicó la fórmula. Las tres primeras llegadas, tres goles como tres soles. Enorme Kroos en el 1-0 (no era fuera de juego de Benzema, el VAR lo demostró). Excelso Hazard en la elaboración del 2-0 con su generosa asistencia a Sergio Ramos y genial el belga obligando a Dmitrovic a hacer un paradón, que chafó Marcelo con un zurdazo a la red en el rechace. En realidad ahí se acabó el partido. Llegó el carrusel de cambios con el gol de Pedro Bigas y sólo cabe resaltar dos paradones de Courtois que le hacer acreedor a lo que va a conseguir seguro: su tercer Trofeo Zamora en España.

Ramos & Koeman. El capitán marcó su octavo gol en lo que va de temporada (el máximo goleador de la plantilla por detrás de los 19 de Benzema) y el 67º en Liga en su carrera, igualando a Koeman como defensa con más gol. Eso se tiene o no se tiene. El camero puede con todo, con público o sin él. Ojalá su sobrecarga sea poca cosa. El Madrid te necesita, capitán.

Bale out. El galés sigue en otro planeta. Tuvo media hora y en vez de reivindicarse y comerse el césped de Valdebebas jugó con una indolencia desesperante. Tuvo dos balones para lucirse y los desperdició de forma estrepitosa. Ni un gesto de rabia, ni de enfado. Le trae el pairo. Si la leyenda Di Stéfano, que da nombre a este bonito estadio, llega a estar en el campo se come al galés. Y además lo hubiéramos escuchado todos, que ahora se puede. Aunque posiblemente sea un ingenuo. Gareth sigue feliz en su mundo, ajeno a las pasiones que genera este bendito fútbol. Tú te lo pierdes. Deporte, te amo.