La carrera ‘mágica’

Tres lustros avalan su magia. Una década y media en la que tan sólo la pandemia ha impedido la cita anual de la Titan Desert con Marruecos en este convulso 2020. Quince años de aventuras y desventuras de los bikers por Sahara y Atlas que han forjado la leyenda de esta carrera que ha tenido que reinventarse en noviembre para salvar el difícil momento actual. La llamada del desierto se mantiene firme, con las interminables etapas bajo un sol de justicia, las llanuras infinitas, la blanda arena que atrapa a las bicis como si fuera un imán o la dureza de sus montañas. Un ‘planazo’ que hará preguntarse a muchos porqué cientos de locos acuden a sufrir año tras año. La respuesta es muy fácil: es una carrera ‘mágica’.

Una competición con un carácter único en la que, por encima del reto deportivo o la aventura en sí, destaca un factor que la hace única: su ambiente. Un millar de personas vagan por el desierto durante una semana, pero al acabar el día todos confluyen en el campamento, el alma de la carrera. Allí no hay distinción ni clases. El ‘hogar’ de la prueba ofrece exactamente el mismo trato a campeones como Melcior Mauri, Abraham Olano o ‘Purito’ Rodríguez, entre otros de los muchos que han sentido la llamada del desierto, que al más desconocido de los participantes. Allí se unen en hermandad y cada uno cuenta su batallita, se asea como puede, come lo que puede, y descansa lo que puede en la jaima compartida. Una magia que este año va a descubrir Miguel Indurain, y que yo tuve la suerte de vivir en primera persona en el décimo aniversario en 2015 como componente del equipo Freno al Ictus, en el que pude compartir colores con personajes como el torero Óscar Higares o el jugador de baloncesto Iñaki de Miguel, también atrapados por la Titan.