La familia del fútbol y su nueva vida
La realidad muestra ahora a los héroes del día del Clásico en el mismo espejo que al resto de los mortales. Encerrados en sus casas y deseando volver a oler el césped.


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Nos toca vivir tiempos duros y con amplio margen para la reflexión. Esto último era un tesoro en especie de extinción ante la existencia hiperactiva y plagada de automatismos que impedían al ser humano detenerse un segundo y meditar las cosas antes de tomar una decisión. El coronavirus nos ha trasladado a una dimensión desconocida, que nos está obligando a aprender nuevas pautas de comportamiento como si fuésemos un niño dando sus primeros pasos. Si la mayoría de ustedes y este servidor estamos adaptándonos a concebir la vida cotidiana entre las cuatro paredes de tu hogar (en dos días he descubierto rincones que desconocía), imagino lo que sentirá la familia del fútbol: utileros, fisios, encargados del material, empleados de seguridad, de comunicación, cuerpo técnico… y jugadores.
Su vida rondaba en torno a Valdebebas, el Bernabéu y los viajes para conquistar triunfos y prestigio. En la mente de Zidane, Ramos, Carvajal, Modric o Vinicius estaba aterrizar el lunes en Mánchester para protagonizar un día después una gesta similar a la de los vecinos del Atleti, remontando el 1-2 ante el City de Guardiola y dejando a los orgullosos ingleses sin un solo representante de la Premier en Champions. Pero la realidad muestra ahora a los héroes del día del Clásico en el mismo espejo que al resto de los mortales. Encerrados en sus casas, por muy lujosas que sean, y deseando volver a oler el césped y golpear el cuero. Jugar en el jardín de casa con los niños es un consuelo que durará sólo unos días. La vida sin fútbol y sin la posibilidad de salir a dar una vuelta a pasear por el parque es algo a lo que jamás nos habíamos enfrentado. Pero hay que hacerlo con disciplina y fe. Quédate en casa.





