Opinar irresponsablemente

Juguemos a un juego: no nos apresuremos a la hora de opinar sobre los jóvenes que irrumpen en el mundo del fútbol. Decirlo hoy, en esta era de twitter y de incontinencia verbal, es pura utopía. Una semana es el fin del mundo y una victoria después ya está aquí la gloria. Por eso hoy quiero analizar la locura generada esta semana en torno a Vinicius tras su partido contra el Barça. Aunque soy culé, jamás regateo un elogio a un madridista que me gusta. Me encantan Kross, Modric, Hazard, Valverde, Ramos, Benzema, Varane, James, aunque no juegue, e Isco, cuando decide jugar. No soy idiota, también veo posibilidades en Vinicius, ese adolescente que el año pasado volvió loca a la defensa del Barça en la Copa hasta que llegaba la hora del tiro o el pase. Falló todas. La única diferencia es que hace una semana metió un gol de rebote tras ser flotado por Piqué. No es una crítica infundada. A Vinicius, en ocasiones, lo vemos hacer cosas increíbles, pero nunca acaba de concretar. Es tan talentoso que podría acabar siendo Luis Figo, pero a veces lo miro y veo a Denilson, a Jeffren, a Capel. Soy injusto, lo sé, es un crío, hay que darle tiempo, pero ustedes también lo ven: por el motivo que sea, al llegar el momento decisivo, se deshace como una pastilla de Avecrem. Por supuesto que tiene mucho mérito, sobre todo a su edad. Lo que sorprende es que digan que es el nuevo ídolo del madridismo con tanto fallado y tan poco acierto a lo largo de este año y medio. ¿Pinta bien? A veces, pero solo eso. No quiero ser cruel. Cuando yo tenía su edad no le llegaba a la suela del zapato en nada. Si hablo de él es para retratar nuestra locura ante los nuevos talentos. Dos partidos buenos y ya tenemos nuevo Mesías. Nos lanzamos a opinar y a encumbrar sin estadísticas que lo refrenden. ¿Deberíamos mirárnoslo? A veces creo que sí y al momento entiendo que no, que por eso nos gusta tanto este deporte, porque podemos opinar irresponsablemente sin consecuencias y ustedes lo saben, sienta tan bien hacerlo...