La amenaza de un virus

Deberíamos estar hablando aquí de la que, probablemente, hubiera sido otra excelente carrera de MotoGP en Qatar. Podríamos hacerlo, también, de los resultados de las categorías de Moto3 y Moto2 que sí se han disputado en un gran premio inaugural cercenado por las circunstancias. Sin embargo, y por desgracia, todo ello carece de trascendencia a la vista del imprevisible impacto que el coronavirus está y seguirá teniendo en la sociedad, la economía y, por supuesto, el deporte mundial. Lo importante no es lo que ha ocurrido en Losail, lo inquietante es cómo se desarrollará un campeonato en el que la movilidad de sus protagonistas es, obviamente, esencial para su celebración. Algo que en estos momento se antoja imposible de pronosticar, con toda la incertidumbre que ello genera.

Se trata de una crisis global que trasciende a los deseos, intenciones y decisiones del promotor del Mundial o de los organizadores de los eventos. La salud pública sobrepasa cualquier interés particular en tales circunstancias y me parece difícil, a día de hoy, que una mínima normalidad se recupere antes de la llegada de los grandes premios a Europa, a primeros de mayo en Jerez. Me refiero al mejor de los supuestos, porque insisto en que nadie puede garantizar nada hasta que se conozca la evolución de los contagios. Las restricciones de acceso e incluso de salida para los ciudadanos de varios países son una realidad, así que pensar que la competición seguirá adelante como si tal cosa roza la utopía. Por suerte, la temporada es larga y esperemos que la normalidad permita celebrar la mayor parte de ella. Y por razones mucho más serias que disfrutar de MotoGP…