Álvaro García NIeto

Las intermitencias de la muerte

La muerte de Saramago en 'Las intermitencias de la muerte', cuando decidió volver a trabajar, lo hizo entregando cartas violetas primero. Las cartas notificaban al receptor de que disponía de una semana de vida. Al Espanyol, en Wolverhampton, le entregaron una carta violeta en forma de cuatro goles y una dura resaca anímica y moral. Pareciera que en Valladolid le entregaron otra, que avisaba de la muerte en Liga, porque en el fútbol se puede morir más de una vez.

Abelardo dijo que la paliza en Inglaterra no afectaría en Liga. Se vio que sí. Hasta los más veteranos, los capitanes, parecían debutantes en Primera. Wolverhampton no podía ser Trafalgar. No cabe duda de que la obligación es la salvación, pero qué sería de la vida sin alguna distracción. Sin ellas, a uno no le cabe más que recrearse en sus pesares. Europa era nuestro patio, nuestra pequeña ilusión y evasión.

Y ahora tocará volver a la Liga ante el Atlético, con un trámite de por medio que bien podría haber sido como un funeral animista, de aquellos en los que se bebe y se celebra la vida que se ha ido porque empieza en otro lado, y no sé si será así, pero debería serlo. Sin timideces. Total, ya no habrá Europa y vete tú a saber hasta cuándo. Disfrutemos del último baile. La vida que empieza tras este jueves debería ser intentar volver a Europa. E intentar volver pasa por salvarse.

Estos días los vadeo con más altibajos que Britney Spears en 2007. Pero a medida que se acercan los partidos nos veo tocando el violonchelo, para ser nosotros quienes hagamos dudar a la parca. En realidad, en la lucha por la supervivencia no hay nadie mejor preparado que el Espanyol, violonchelista de cuna. Lo dijo Embarba al acabar el partido, que más abajo ya no podemos ir, que no hay nada que perder. Y lo escribió Saramago, que desde "el luminoso fondo de los pozos" es "donde mejor se nota la altura a la que se encuentra el cielo".