El boquete y el óxido

El grosor del resultado determinó más el grado de humor de la hinchada madridista que la decepción por la derrota frente a la Real Sociedad, que estuvo a punto de arrasar en el Bernabéu. Dolió la eliminación, como no puede ser de otra manera en el Real Madrid, pero el esfuerzo final, a punto de convertirse en remontada, disipó el amago de tormenta que se produjo cuando Merino marcó el cuarto gol y abrió un boquete en el marcador. A empujones, y probablemente ayudado por el sorprendente cambio de Isak por Aihen Muñoz, el Real Madrid encontró la manera de maquillar un partido que no controló.

El Madrid flaqueó durante 70 minutos. Zidane eligió una alineación novedosa en todas las zonas del campo: Nacho, Militao y Marcelo en la defensa, James en el medio campo, Brahim en la punta derecha del ataque, Areola en la portería. Uno que juega casi siempre y ha sido vital para la reconversión del Madrid figuró en una posición que no domina. Valverde, jugador inquieto y enérgico, se colocó en la posición de Casemiro, pero no funcionó. Casemiro se ha constituido en el eje polar del equipo, una roca a la que se agarra el Madrid y no la suelta.

Ninguna de las novedades ofreció buenas señales. Todos, incluido Areola, parecieron lejos de su mejor estado, con el óxido que genera la falta de regularidad en la alineación. Enfrente un rival bien engrasado, con excelentes pasadores y facilidad para llegar a posiciones de ataque, donde Odegaard volvió a distinguirse como uno de los mejores filtradores del fútbol europeo, a pesar del tabazo que recibió muy pronto en el muslo y que le mermó visiblemente.

Rodrygo, Marcelo, Jovic y Nacho, tras el final del partido en el que la Real Sociedad eliminó al Madrid en cuartos de final de la Copa del Rey

La mejor noticia para la Real y la peor para el Madrid fue la eclosión del joven Isak, delantero sueco de ascendencia eritrea que provocó terror en la defensa madridista. Alto, fino, ligero y extremadamente veloz en los espacios amplios, Isak recordará el partido como un momento trascendental de su carrera. Era un prometedor delantero antes del encuentro. En el Bernabéu, ningún defensa del Madrid pudo detenerle.

James salió con el crédito lastimado. Marcelo intentó equilibrar con su creatividad en el ataque sus carencias defensivas, demasiado visibles últimamente. Nacho sufrió por la derecha y Brahim no pasó del nivel chispita al grado contundencia. En medio del descontrol, el Madrid recibió una excelente noticia: Vinicius despega. Fue el mejor del equipo con mucha diferencia y un tormento para Gorosabel, que pagó su inexperiencia y la falta de velocidad para sostenerse contra el delantero brasileño, aunque en cuestiones de rapidez lo normal es perder con Vinicius.

Su partido fue excelente y continuo, del primer al último minuto. Actuó con tanta seguridad que transmitió la sensación de titular de toda la vida. No es así. Hace apenas dos meses, Vinicius no entraba en las convocatorias. La Real sufrió por su costado derecho, padeció la ausencia de Isak en los últimos 20 minutos (Willian José no salió del banco) y la inseguridad de Remiro, bloqueado por el gol de Marcelo. El Madrid detectó los nervios del portero y se lanzó a un ataque que le llevó al borde del empate, insuficiente para impedir la eliminación, suficiente para lograr que la derrota se olvide pronto. Por momentos, la situación fue muy diferente.