El Madrid está blindado

La agónica Supercopa, con más suspense que despliegue futbolístico, sonrió al Madrid y negó al Atleti, aunque ninguno se hizo acreedor total del título. La espesura en ataque volvió a encapotar a ambos equipos, muy limitados de profundidad y más pendientes de evitar los errores, que existieron por doquier, que de buscar las herramientas adecuadas para vencer al rival. Zidane repitió la fórmula de los cinco centrocampistas que esperaba todo el mundo y también Simeone. El Atleti ocupó perfectamente los espacios y dispuso un bloque alto para separar al conjunto blanco de la portería de Oblak. Simeone puso el foco en rebajar a Kroos y Herrera asumió fielmente ese papel.

De inicio sólo algunas conducciones de Valverde y los desajustes de Lodi rompieron la monotonía. Jovic también agitó el panorama tras el descanso, en sus mejores minutos del curso, al moverse con acierto entre líneas y estirar a su equipo con rupturas. Con todo, el Madrid tropezó una y otra vez con la estructura rojiblanca y se excedió, como en otras tantas noches, en los centros al área (34 en total) con nulas opciones de remate. Se jugó a lo que quiso un Atleti al que también le faltó gasolina ofensiva. El Madrid no presionó tan arriba por el temor a sus transiciones y esa decisión dificultó sus maniobras. Las descargas de Morata para incentivar la salida fueron su mejor recurso en un guión en el que João Félix no intervino con continuidad y en el que Correa amenazó desde su verticalidad. La entrada de Vitolo aderezó la escena y el Atleti acabó mejor, bordeando el gol que impidió Courtois, pero el desenlace conocido de los penaltis finiquitó su sueño. El Madrid está blindado con Zidane en las finales.

El flanco de Lodi

El brasileño padeció su mala toma de decisiones al no medir las acciones de presión. Fue recurrente ver el vacío que dejaba a su espalda. Simeone se cansó de sus desbarajustes y le tuvo que cambiar.