Odegaard pasa la ITV del Real Madrid

Para jugar (y triunfar) en el Madrid hay que ser un tipo muy especial. Alguien capaz de superar la presión del Bernabéu, la presión mediática, la presión de la Historia y la presión de un vestuario que no admite Caballos de Troya. En el Madrid he visto sucumbir futbolistas que llegaban avalados por un vídeo plagado de jugadas dignas de la Play Station y con un currículo lleno de trofeos. Pero saltaban al Bernabéu, les temblaban las piernas y ese runrún de la grada terminaba por desactivarlos. Es la frontera que separa los buenos de los Elegidos. En este segundo bloque están sólo los jugadores capacitados para triunfar con este escudo.

En ese vagón VIP viaja desde hace meses Martin Odegaard. Cuando le fichó el Madrid con 16 añitos recién cumplidos todos nos llenamos de dudas y de sospechas, que el tiempo ha ido borrando gracias a su crecimiento imparable como jugador y como persona. Reconozco que estuve equivocado con el noruego. El hecho de cobrar el cuádruple que sus compañeros del Castilla me hacía verlo con recelo. Eso me apartó del análisis puramente futbolísticos. Se le veía como el protegido del club y a cambio sólo dejaba algunos destellos...

El tiempo ha ido jugando a favor del chico, que ya tiene 21 años y ha sido capaz de adueñarse de un equipo con solera como la Real y de enamorar a un estadio que destila un aroma futbolero único desde que reformó su graderío. Anoeta es el escenario perfecto para las correrías de Martin, que cada semana nos deja una colección de joyas que han disparado su cotización hasta convertirlo en el jugador revelación de LaLiga. Es normal que el chico tenga sus dudas sobre la posibilidad de consumar ya este verano su Operación Retorno. Sabe que volverá Ceballos y que podrían seguir Isco, James y Modric. Sólo si hay salidas pondrá fin a su Erasmus futbolístico.