Casemiro, Casillas, Doncic. Tres canteranos

Dice Casemiro en el nuevo número de la revista Líbero que se siente un canterano del Real Madrid. Que en esos meses en los que vivió los viajes en bus de punta a punta de España con el Castilla aprendió los valores del club y sobre todo "la pasión con la que los empleados de Valdebebas viven los resultados del equipo". Teniendo eso presente cómo es posible que alguien que se puso la franja morada con 9 años y se la quitó (o se la quitaron) 25 años después no sea capaz de entender la pasión con la que los aficionados al Real Madrid viven los resultados de su equipo. Me refiero a Iker Casillas, para mí la corona del escudo, y que afrontaba en las redes el pasado Barça-Madrid con el siguiente comentario: "A disfrutar". ¿Cómo? Pensé. ¿Y que gane el mejor?

No entiendo que alguien como Iker Casillas tenga reparos en escribir como corresponde a un ídolo antes de un partido así: "A ganar". Estoy exagerando, lo sé. Y puede que Casillas tratara de enfriar la tensión política. He entrevistado a Casillas y sé que no ve estos partidos con la equidistancia de un marciano. Pero también creo que el animal competitivo que lleva dentro, todavía dolido con su salida de Chamartín, así como un cultivo demasiado comercial de su figura, le autocensuran el bufandeo que sí tiene con la Selección española, a la que parece sentir más propia que el Real Madrid. Aquí tampoco soy objetivo, reconozco una espina clavada con el portero. En las celebraciones de la Eurocopa de 2008, con todo el antimadridismo encantado con una selección plagada de jugadores del Barça, con un gol del ídolo del Atleti, con Raúl viéndolo en la tele porque Luis Aragonés decidió escupir en la historia del Real Madrid. "Luis Aragoneees, Luis Aragoneees", gritaba Iker en Colón. Me dolió. Sí, en esa visión infantil que tenemos del fútbol y nuestros héroes, que Casillas fuera el que entonara el nombre del verdugo de Raúl, me dolió.

Casillas alza el trofeo de la Eurocopa de 2008 en Viena.

Sé que soy un fanático rencoroso y que es una opinión muy particular, pero cuando veo a Doncic celebrar un MVP a 7.950 km de la calle Goya con el himno de la Décima, comparo y pienso que no cuesta tanto llamarse Iker, apellidarse Casillas y escribir un mísero: "Hala Madrid".