Regresión y suspiro final en Mestalla
Mestalla oficia de examinador de los grandes y nadie, en el centro del campo del Madrid, estuvo a la altura de Parejo. En el equipo de Zidane Vinicius y Bale dijeron muy poco.

Mestalla siempre es un escenario muy particular del fútbol español. Entre otras cosas, oficia de duro examinador de los grandes, esta vez del Real Madrid, que no funcionó en un partido que se pareció más a lo que imaginó Celades que al previsto por Zidane. Fuera del cuarto de hora inicial, bien interpretado por el Madrid, con atisbo de peligro en cada una de sus frecuentes llegadas al área, el encuentro se inclinó minuto a minuto hacia el Valencia. En realidad, lo inclinó Parejo, que dictó una soberbia lección durante una hora.
Zidane diseñó un 4-4-2 frente a un equipo que venía radiante por su victoria en Ámsterdam, pero machacado por el esfuerzo. Quizá la conservadora actitud inicial del Valencia estaba relacionado con la administración de las energías del equipo. Se agrupó atrás, juntó las líneas y esperó, con una premisa evidente: desactivar el juego interior del Real Madrid. Por afuera le importaba menos. Con razón. La presencia de Nacho en el lateral izquierdo no le resultaba inquietante. Isco tampoco se siente cómodo en el costado. A Rodrygo le pesó el partido y no es, ni por asomo, un extremo. Se defiende en esa posición porque sabe jugar, pero este era un partido de pantalón largo. Le superó. La alternativa final era Carvajal, a cuyo esfuerzo nunca le acompañó el éxito.
El Valencia bloqueó al Madrid por el centro y le enseñó la salida por unos costados que no podía aprovechar. Mediada la primera parte, el partido ya había girado. El Valencia encontró a Parejo, que encontró a todo el mundo, primero con desplazamientos largos y luego con todos los pases que se le ocurrían, todos excelentes, rompiendo líneas con una facilidad pasmosa. Nadie en el centro del campo del Madrid estuvo a la altura de Parejo. Kroos y Modric nunca vieron la manera de perforar la cortina defensiva rival. El Valencia comenzó a detectar los grandes espacios que dejaba el Madrid, donde Valverde, reconvertido circunstancialmente en medio centro, no hizo olvidar a Casemiro. Ocurrió una paradoja, Valverde tampoco hizo olvidar a Valverde.

Cambios. Apurado, pero solvente, el Valencia aguantó en los primeros minutos. Después apenas sufrió. Su portero estuvo de vacaciones en el segundo tiempo, hasta el gol de Benzema en el último segundo del partido. Zidane había sustituido a Isco y Rodrygo de una tacada. Posiblemente debió de hacerlo antes, aunque Vinicius y Bale dijeron muy poco. Vinicius pareció nervioso y Bale pareció ensimismado.
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El partido del Madrid giró hacia su defensa, que comenzó con poco trabajo y terminó sacudida por las rápidas acciones del Valencia, bien interpretadas por un grupo relevante de jugadores: Parejo, Rodrigo, Gayá, Soler, Wass y el joven Ferran, cuya estructura física ha cambiado notablemente en apenas un año. Ahora le acompaña una enorme potencia. Es difícil detenerle.
Se disolvió el Madrid poco a poco y terminó a la tremenda, con cuatro delanteros, incluido Jovic. No le sirvió para desestabilizar al Valencia, que concedió el empate en un córner, un cabezazo de Courtois, un lío en el área y el remate a quemarropa en el área de Benzema. Antes del Clásico, el punto le sabe a gloria al Madrid. Su juego no fue para saborearlo.






