De vuelta al gran Piqué

Piqué demostró en Anoeta que puede ser un súper-empresario y un tipo con carisma que en ocasiones mete la pata porque nadie es perfecto, pero que lo que mejor hace es jugar al fútbol. Los goles del Barça en San Sebastián los hicieron Griezmann y Suárez (buen partido de ambos, por cierto), pero cuando el Barça se deshacía como un azucarillo en el centro del campo durante la primera parte y Lenglet daba preocupantes síntomas de debilidad de cara al Clásico, Piqué achicó por todos lados y fue elevándose en el partido.

La jugada del 1-2 enfoca a Busquets, Messi y Suárez, pero la primera recuperación la hizo Piqué, que estuvo especialmente luchador en el partido y se llevó un duelo detrás de otro. Cuando está metido, es un defensa insuperable capaz de firmar un partido sobresaliente sin hacer una falta ni dar una patada. Es un central de etiqueta, pero también valiente y competitivo. Que va a la verdad y es ganador.

Piqué jugó un partido imponente, de Káiser, que pudo completar con el 2-3. Recuperó el balón en la frontal del área y se marchó en busca de la gloria. Es evidente que tenía las mejores sensaciones. Se plantó en el área y allí esperó que alguien lo viese. La pelota voló de Vidal a Suárez y este oteó el horizonte y encontró al más grande en el área chica. Piqué se tiró con todo. Es difícil saber si empezó a caerse antes o después, pero lo que es indiscutible es que lo agarraron por todos lados y que el penalti, más advirtiendo el criterio para la jugada del 1-0, debió señalarse. Porque sí, aunque haya criterios absolutos en el arbitraje, con los agarrones pasa igual que con las tarjetas. Son los mismos árbitros los que ponen el listón. Así que Piqué se quedó sin remate y sin gloria y el Barça, sin penalti. Sólo el VAR frenó a un futbolista que cuando se lo toma en serio es el mejor central del mundo.