KIKO NARVÁEZ

Oblak, el trilero Correa y un Atlético reconocible

Correa fue el que provocó el gol de Saúl. A partir de ahí pudimos ver un Atlético más cómodo con el balón que en otras ocasiones.

Kiko Narváez
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Podríamos decir que el Atlético de Madrid hizo de los partidos más completos en lo que llevamos de temporada. Esta vez no fue ni Saúl ni Morata quien marcaron el primer gol. Fue Oblak el que lo hizo, con una estirada descomunal a cabezazo de Iñigo Martínez aprovechando su increíble potencia de tren inferior sacó una pelota que llevaba todo los ingredientes para acabar en gol. Fueron los primeros 20 minutos en los que los rojiblancos estuvieron más incómodos sufriendo con la buena presión de los de Garitano, que daban la sensación que siempre llegaban un poco antes a los rechaces, suerte que la pareja Felipe y Hermoso estuvieron concentrados y coordinados para achicar agua. Fue una genialidad de Correa con un primer control orientado el que rompió a Unai y la dinámica del partido. Correa, con sus geniales movimientos a veces aturullados, otras dañinos, es ese jugador impredecible, ese trilero que muchas veces no sabe ni el donde está la bolita, pero que yo siempre querría en mi plantilla. De lo inverosímil de sus giros nace su virtud. Correa fue el que provocó el gol de Saúl. A partir de ahí pudimos ver un Atlético más cómodo con el balón.

Los del Cholo cogieron la manija del balón, destacando Koke y Saúl (Thomas bajó un poquitín), para asociarse con Morata y desahogar con sentido a los laterales. Pudimos ver a un Atlético muy reconocible, con su portería a 0 (9 de 13 partidos) y con efectividad y contundencia arriba se llevati merecidamente los tres puntos. Además, fue agradable y destacable la naturalidad con la que los aficionados recordaron a Koke el cariño que le tienen dejando en el olvido que, como a un hijo, algún rapapolvo le echas cuando las cosas no le salen.

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