SR168

Sergio ‘El Español’. Tenía que ser el Día de la Hispanidad. El 12 de octubre estaba marcado en rojo y gualda para consumar el nuevo récord de un futbolista legendario, empeñado en escribir cada día que pasa una nueva página para la historia. Sólo él podía superar a otro mito de La Roja como es Casillas. Sólo él podía desafiar el récord mundial de partidos que ostenta el egipcio Hassan (en sólo 16 partidos más con España le alcanzará). Sólo él podía ser el pichichi del equipo nacional en esta fase de la Eurocopa pese a ser un zaguero. Sólo él podía soñar con jugar en Tokio los Juegos de 2020 y añadir a su palmarés único e inagotable un oro olímpico. Sergio es España. Bravura, compromiso, pasión, fe inquebrantable, sentimiento, lealtad y orgullo. Capitán con mayúsculas. En 2005 arrancó de lateral derecho (ahí ganó después la Eurocopa de 2008 y el Mundial de 2010 en Sudáfrica) y siguió con su máster como defensa deluxe con la Euro de 2012 siendo un central imperial. A Ramos le imaginamos siempre mirando al cielo escuchando el himno nacional, como los siete aviones de la Patrulla Águila del Ejército del Aire que sobrevolaron por la mañana el Bernabéu y por la tarde el cielo de San Pedro del Pinatar mostrando los colores de un país que se unió como nunca en aquella noche inolvidable de Johannesburgo. Sergio Ramos fue testigo de todo. Él es quien escribió el cuento de hadas que hoy consigue que los niños sigan uniéndose a La Roja de forma incondicional. Ramos es el imán y el nexo emocional para que la afición a nuestra Selección siga inquebrantable. Queda Ramos para rato. No olviden que ante los noruegos sumó su partido internacional 168. Si suman los tres dígitos les dará una cifra: 15. Justo su dorsal con España. Todo es perfecto.

Sergio II. Si Ramos es el corazón de España, otro Sergio, Busquets, es la brújula, el muro inteligente, la aguja del compás y la sensatez hecha futbolista. El catalán ha alcanzado ante los nórdicos su partido 115 con este equipo que parece hecho a su medida. En el Barça empieza a ser suplente, pero con España no me lo imagino en el banquillo. Su labor de ancla de acero sigue siendo impagable.

Saulazo. Así habría que bautizar a los goles que mete Saúl. Lo hacía con la Selección Sub-21 y lo hace con la Absoluta. Su derechazo de Oslo nos acerca a la próxima Eurocopa. El ilicitano es un siete pulmones. Polifacético y con pegada. Crack.

Buen rival. Noruega no irá seguramente a la Eurocopa, pero es una selección en fase de cuarto creciente. Y no todo se reduce al talento adolescente de Odegaard. Tienen buen manejo del balón y arriba el tal King, un nueve puro, da más lata que un dolor de muelas. Su perfecta definición en el penalti del último minuto nos alejó de la fiesta absoluta. El himno que une a su afición, All for Norge, representa el sentimiento de un país que ya en la Euro de 2000 nos amargó el debut en el estadio del Feyenoord. Camacho y Molina seguro que se acuerdan de lo que hablo…

A la casa de Ibra. El penalti materializado por King, aunque para mí era riguroso porque no creo que Kepa tuviese intención de derribar a Elabdellaoui, aplazó hasta el martes en Estocolmo la consumación de una clasificación cantada y merecida. Esto ha sido sólo un hasta pronto. Nada evitará que nuestra emergente selección esté en la clase business del fútbol europeo dentro de nueve meses. Nada nos alejará del objetivo. ¡Vamos España!