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Otra melonada de Dembélé

Aunque parezca una barbaridad decirlo, el Barça sigue moviéndose en arenas movedizas. El Sevilla llegó lo que quiso y más en la primera parte, pero el equipo supo sostenerse en el alambre por el desacierto de De Jong y esa mano angelical de Ter Stegen, que vive días dulces en el Barça. 200 partidos de azulgrana. Al Sevilla se la cayó el mundo encima con el golazo de Suárez, que otra vez hizo el 1-0 del partido. El gol que vale por tres. La respuesta del uruguayo a las dudas después de las primeras jornadas ha vuelto a ser monstruosa.

No está el Barça compacto como colectivo. No juega redondo, permite muchas transiciones del rival porque Suárez y Messi se descuelgan ya intencionadamente y eso le hace sufrir una barbaridad a ratos. En el sufrimiento, sin embargo, emerge Vidal, un jugador discutido de manera gratuita y que, más allá de lo que haga ya en el Barça, tiene una carrera descomunal con una hoja de servicios en la que casi no caben las Ligas que tiene aparte de ser la leyenda de la Chile bicampeona de América. Al Barça, Vidal también le ayuda en cosas. En ponerle el corazón y agresividad que otros no tienen y en pisar el área, algo que no se ve en otros muchos volantes del equipo que son finísimos en el toque pero que carecen de esa maldad que sí tiene el chileno. El 2-0 le puso cuesta abajo al Barça el partido, que cerró como siempre el mágico Messi, preparando su puntería antes del estreno de su Circo del Sol. Messi ya está casi aquí.

En las arenas movedizas, decíamos, el rey es Vidal. Y el patito feo, Dembélé, que marcó un golazo que luego manchó con la melonada de manual. Nadie le había dado vela en ese entierro. Dicen que la mirada que Busquets le echó en el campo vale más que un párrafo de word. Es obvio que él no quería hacerlo, pero jugadores profesionales no pueden cometer estas tremendas torpezas, menos si no saben desenvolverse en escenas así. Es difícil estropear tanto una noche de fiesta.