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Diez minutos de bolero y sevillanas

Lopetegui entró en el campo con la bruma en la cabeza. Hace un año, en este campo, el Barça sin Messi le clavó un puñal decisivo, que lo expulsó del banquillo del Madrid. Su Sevilla de ahora se dispuso a vengar aquel desastre, y puso al Barça contra las cuerdas. Jugó bien, como si bailara sevillanas, ante la inoperancia de un Barça en la inopia.

El barullo defensivo azulgrana permitió esas sevillanas frecuentes pero infructuosas que tuvieron en jaque a Ter Stegen. De pronto le llegó un balón a Luis Suárez, proveniente de Dios o de Messi, y el equipo azulgrana hizo diez minutos de bolero insistente, hasta noquear al Sevilla como hace un año hizo sucumbió al anterior equipo del entrenador Lopetegui.

Faltaba, para que el bolero fuera completo, que regresara el ausente a la tierra. Reapareció en tiempo perfecto para que la gente supiera quién mandaba en la bruma a la que se había entregado el Barça y volvió a subir al marcador una muestra más del mejor del mundo.

Hubo otras sugerencias de calidad: Dembèlè, al que se la va la olla cuando toca tierra, tuvo adivinanzas estéticas notables. Arturo Vidal se está tratando para ser mucho mejor, y el impar Luis Suárez se acogió al prestigio de su pie, entregado anoche a la imaginación y al baile. Bolero interruptus, pero bolero al fin.