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El manchón alcanza a todos, incluido Zidane y mandatarios

La pretemporada siempre es temporada en el Real Madrid, para bien y para mal. Ahora mismo está embarcado en un verano malísimo, imprevisto después de un año que desató todas las alarmas: tres entrenadores, ningún título, el Bernabéu medio vacío. La situación ha empujado a un desembolso colosal, cercano a los 300 millones de euros, con un discutible diseño. El Madrid ha comprado delanteros –Hazard, Jovic, Rodrygo–, un mediapunta –el muy talentoso Kubo, todavía lejos de armarse físicamente– y dos defensas –Militao y Mendy–. A los geógrafos se les ha olvidado el medio campo, donde el equipo ha perdido a dos jugadores (Ceballos y Marcos Llorente), no tiene sustituto natural para Casemiro, que no podrá agarrar un constipado o se creará un agujero abismal, y descansa en un jugador que está a punto de cumplir 34 años (Modric) y en un distribuidor que es casi invisible en el esfuerzo defensivo (Kroos). Es un medio campo más flaco, más envejecido y más necesitado de renovación que nunca.

El Real Madrid se estrelló contra el Atlético de Madrid por la inconsistencia de sus mediocampistas, que no pararon a nadie y no generaron una pizca de fútbol. Más o menos como en los partidos anteriores, donde el Bayern y el Arsenal no encontraron resistencia defensiva alguna. No se puede hablar del serio partido del Atlético y de su estado de excitación en un partido veraniego. Simeone sabe muy bien que estos partidos cuentan, más aún si hay un derbi por medio. El Atlético, que ha cambiado a medio equipo, necesitaba despejar cualquier duda sobre la sucesión de Godín, Juanfran, Filipe Luis y Griezmann. El golpazo que asestó al Madrid es de tal calibre que de la duda se pasará al entusiasmo. Con razón.

El fracaso del Madrid durante la primera hora del encuentro –en el minuto 61 fueron expulsados Diego Costa y Carvajal– apenas admite comparaciones históricas. Todavía se recuerda aquel 9-1 frente al Bayern, hábilmente desdramatizado por su entrenador Vujadin Boskov: "Prefiero perder por nueve goles en un partido que por uno en nueve partidos". El desastre del Madrid afectó a todas las líneas y a todos los jugadores. Mientras se pudo hablar de partido de verdad –11 contra 11, titulares en el campo–, el Madrid se expuso no a los seis goles que recibió, sino al doble.

Carencias. No existió ni defensa, ni juego, ni recursos ofensivos. Odriozola perdió la primera pelota que recibió y de ahí nació el primer gol del Atlético. La sucesión de pérdidas fue escandalosa, perfectamente aprovechadas por Saúl para interceptar –jugó su mejor partido en mucho tiempo– y por Diego Costa para anotar. El joven Joao Félix se dio un festín a la espalda de Kroos. Tiene mucha clase, mucha imaginación y mucha llegada, pero Kroos le dio permiso para pasearse en el campo.

Volvió a preocupar el rendimiento de Nacho, que terminó mal la temporada y no remonta. Marcelo regresó a su peor versión defensiva. Isco, Modric y Kroos no generaron una gota de juego. Vinicius tiró un buen centro, pero no desborda por la derecha. Está incomodísimo. El Atlético machacó por el lado del extremo brasileño y Odriozola. Jovic se retiró lesionado, pero todavía no sabemos cómo juega. No ha tocado la pelota en tres partidos. Hazard se limitó a un excelente detalle por la izquierda, en el segundo tiempo, con el Madrid masacrado por seis goles. El Atlético tenía orden de impedir que el belga se girara y cumplió su objetivo a la perfección.

Esta vez se acentuó la sensación que produce un equipo transparente en el capítulo defensivo, desorganizado, descompensado y con algunos jugadores en el umbral del declive. Las soluciones del mercado eran necesarias, pero el reparto parece tan desajustado que en cada alineación Zidane parece que pide a gritos a Pogba. El problema del técnico es que la pretemporada también es temporada para él, y las críticas internas serán feroces.