Desconfianza ganada a pulso

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De tanto ir a la fuente, lo más probable es que el cántaro algún día se te rompa. Y el desprecio, la mezquindad, jamás se pueden pagar. “Somos una empresa privada pero de exposición pública, algo que aceptamos perfectamente”, sostuvo el pasado jueves Miguel Ángel Ramírez, presidente de la UD, en Ser Deportivos Las Palmas. Y precisamente, por actuar como una empresa que se olvidó de sus seguidores y solo se centró en los clientes, la fractura social que vive la Unión Deportiva con su gente, aquella que se unió para darle vida a un club que el 22 de agosto cumplirá 70 años, aquellas 5 aficiones de rivalidad enconada unidas en un solo latido, es tan difícil de sanar. Mira que lo tuvo fácil el club tras el desgraciado ‘Cordobazo’, unida la afición al club como no se recordaba por estos lares.
Tres años en Primera División taparon manchas, pero el daño estaba hecho. “Quien no quiera pagarlo, que lo vea por la tele”, se atrevió a decir Ramírez. Los precios de los abonos se multiplicaron y la ubicación del palco de autoridades del EGC, separado como está de la Tribuna, se mantiene como la metáfora perfecta del trato que le dispensa Las Palmas a su castigada afición. Por suerte, cada vez cuela menos ese supuesto regalo del abono del curso pasado, pues bien que te lo incluyeron en el precio de los tres anteriores. Cierto es que se dan pasos con el buzón del aficionado o esa campaña de abonos mancomunada, que se presentará el lunes, pero el club se ha ganado a pulso que se desconfíe de él. Y es que al final, el tiempo pone a cada uno en su sitio, ojalá que a la afición en Siete Palmas.



