Los valientes van a Europa
El Espanyol de Rubi se clasifica 12 años después para jugar competiciones europeas. La locura se desató en Cornellà-El Prat, con los aficionados en el césped y los jugadores saliendo como toreros.

FÚTBOL. No hay deporte tan mágico como el fútbol ni jornada tan emocionante como la 38, da igual si Corominas marca en el minuto 93 y te salva la categoría o si 12 años después el Espanyol regresa a Europa en una tarde inolvidable, la mejor de su década, con un equipo fraguado en Sant Adrià que ha flirteado con los ángeles y los demonios en una temporada sensacional, con final feliz y con una hinchada que ha despertado de una hibernación que parecía enfermiza. Premio para un equipo que convirtió su languidez en descaro y para un entrenador cuyo mérito es incalculable, por los riesgos que ha tomado y por apostar por una idea de juego valiente, que lleva labrando desde que empezó.
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Glasgow. Hace 12 años, en Hampden Park, el Espanyol perdía la final de la UEFA ante el Sevilla. En esa grada, Rubi veía el partido como un aficionado junto a los empleados del club, con su simbología blanquiazul y sus sueños a cuestas. Era el técnico del filial y posiblemente nunca imaginó que sería él el artífice de devolver al Espanyol a esos viajes que han labrado la historia de un club que no se rinde, superviviente, con un gen único para la competición, donde los Roca, Melendo, Hermoso o Pedrosa, jugadores que no superan los 23 años, demostraron que el carné de identidad no tiene valor cuando se cree en lo que se hace.
Sevilla. Niños, adultos abuelos, quienes no hablaban del gol de Coro ante la Real sino de un tanto de Moj en Atocha que salvó al Espanyol, disfrutaron de una tarde emocional, de principio a fin. El RCDE Stadium no fue Anfield, pero demostró que quiere serlo en Europa. La Curva recibió el autocar del equipo y la hinchada se levantaba a cada jugada. Incluso Darder, el estoico que se lesionó en los primeros minutos y aguantó hasta la segunda parte, actuó de Cid Campeador, quizás en los momentos de mayor incertidumbre de un partido cocido a fuego lento, de transistores, jugado entre esta Barcelona y aquella Sevilla que 12 años atrás impidió el primer título europeo y ahora le da al Espanyol la mayor alegría en este tiempo.
La locura. Se desató cuando al árbitro señaló el final del partido, la gente saltó al césped como si liberasen a un león que lleva 12 años enjaulado, el césped se convirtió en una pista de baile y los jugadores del Espanyol vivieron unos momentos tan inimaginables como épicos, los jugadores salieron a hombros como toreros. La locura se desató como nunca antes en Cornellà-El Prat. Nadie quería irse a casa, sino seguir disfrutando de la tarde interminable.
¿Y ahora? El Espanyol regresa a Europa y Chen lo presenció desde la grada. Si el equipo ha regresado a esta competición ha sido por las personas y no por el dinero del presidente, que es ahora cuando debe invertir si quiere darle continuidad. Porque jugar en Europa no debe ser la excepción, sino el hábitat natural del Espanyol.



