OPINIÓN

La jauría de Roland Garros

Rafa Nadal no pudo tumbar en tierra, en su tierra, a un jugador enorme que ayer se convirtió definitivamente en gigante

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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Rafa Nadal no pudo tumbar en tierra, en su tierra, a un jugador enorme que ayer se convirtió definitivamente en gigante. Stefanos Tsitsipas, que ya fue capaz de derrotar a Roger Federer en Australia en enero, dio el puñetazo definitivo en la mesa en Madrid. Frente al más grande y ante un público que le lleva en volandas, el griego de 20 años gritó al mundo que peleará con Alexander Zverev por ocupar el número uno cuando no estén los tres magníficos. O antes.

Nadal no se puede ir con mala sensación de la Caja, porque fue de menos a más en el torneo y mostró su sello de garra. Pero sí se marcha con dudas, con la sensación de no haber podido ganar en Montecarlo ni en el Godó, donde había triunfado once veces, ni en Madrid, donde ha sido campeón cinco. Le falta dar un último paso. Nunca a estas alturas del año se había visto sin un título en el bolsillo. Queda Roma antes de Roland Garros para seguir afinando un tenis que ha perdido mordiente con el saque. En la tierra, ya hay una jauría esperándole, con Djokovic, Thiem y Tsitsipas enchufadísimos, y Federer asomando. Dispuestos a dar batalla en París.

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