ALBERTO MARTÍNEZ

118 años en una buhardilla

No hace falta tener un cargo para ser importante en la historia de un club y merecer ser recordado. Y la historia debe velar por la memoria del hombre que la salvaguardaba.

Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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Uno estaba acostumbrado a hablar del pasado con Jordi Puyaltó pero nunca se habituará a utilizar la misma forma verbal para referirse a él, y menos cuando hace apenas tres semanas charlábamos por teléfono de la fallida posibilidad de que el Espanyol conmemorara los 90 años del primer partido de la historia de LaLiga jugando ante los veteranos del Real Unión. A su adiós le acompaña también una parte de la redacción de AS. Jordi no solo era un fiel lector (en ocasiones te enviaba mensajes felicitándote o matizando algún reportaje) sino nuestro mejor aliado a la hora de recuperar los pasajes célebres del Espanyol. Los 118 años de vida del club se comprimían en su buhardilla de madera barnizada de su casa de Tiana, un tesoro que compartía con cualquiera que se interesara por el sentimiento perico.

Como aquel artículo del 11 de febrero de 2011 recordando los 100 años del primer partido de rugby jugado en Cataluña entre el Espanyol y el Patrie francés. De nuevo el club perico fue pionero de un deporte en las primeras décadas del siglo XX, una época que tanto encandilaba a Jordi. Y, en especial, la figura de Ricardo Saprissa, el jugador más impactante de los primeros 50 años de vida del Espanyol junto a Ricardo Zamora. No solo descubrió su carisma y su vida de obra y milagros, sino el hecho de que fue presidente de honor del club sin que nadie lo supiese hasta que Jordi desempolvó el álbum. No hace falta tener un cargo para ser importante en la historia de un club y merecer ser recordado. Y la historia debe velar por la memoria del hombre que la salvaguardaba. Descansa en paz, Jordi, porque seguro que todos aquellos ídolos que coleccionabas te estarán esperando allí arriba.

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