IVÁN MOLERO

Retrato de una obsesión

Se deshizo el Espanyol nada menos que ante el Valencia de un lastre. De una “obsesión”, como la había calificado el propio Rubi en la previa.

Iván Molero
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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No fue un gran partido el del Espanyol en Mestalla pero tampoco, ni de lejos, el peor a domicilio, lo cual ante un Valencia ya es mucho decir. De hecho, se trata de un punto cuya validez, a priori meritoria, vendrá determinada por lo que hagan los pericos en casa ante el Huesca: la media inglesa y tal. Pero si una lectura se puede extraer sin tener que esperar al próximo viernes es que se ha desecho el Espanyol de un lastre. De una “obsesión”, como la había calificado el propio Rubi en la previa. E incluso se podría decir que de una maldición histórica.

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El entrenador perico, y por extensión a su plantilla, venía focalizando su interés en la fragilidad atrás. “Goles vamos haciendo, lo que me preocupa es el tema defensivo”, indicó el sábado. La mala noticia es que esta vez no llegaron los goles. La buena, que acabó el Espanyol imbatido después de nueve partidos recibiendo tantos, entre Liga y Copa, y por primera vez en Mestalla desde el 31 de marzo de 2001, es decir, 18 visitas atrás.

Y eso que el Valencia apretó. Lo hizo de entrada y sobre todo en la segunda mitad, pero aguantaron los pericos, con buenos tramos de un juego asociativo que llevaba tiempo sin verse a domicilio y con algún chispazo también, especialmente antes del descanso. Una actitud que confirma otro extremo: el Espanyol vuelve a su senda del inicio. Veremos si también a aquellos resultados.

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