Calleja, un creador de escuela

Isacio Calleja es otro de los futbolistas que han tenido una vida en rojiblanco. Catorce años estuvo como jugador en el Atlético, en el que fue un creador de escuela. Interior en sus comienzos, Fernando Daucik le reconvirtió en lateral. Tres mil pesetas fue su primer sueldo, una cantidad que le daba para pagar la pensión. Natural del Valle de Cerrato (Palencia), Calleja se vino a estudiar Derecho a Madrid y jugó en los equipos de su residencia, de su universidad, y en Tercera regional, antes de irse al Guadalajara, donde formó ala izquierda con Lapetra. 

Después pasó al equipo de aficionados del Atlético que entrenaba Escudero. Debutó en Primera frente al Oviedo, de interior izquierdo, y después le tocó marcar a Kopa en un partido contra el Madrid. Se lesionó en la temporada 1959-60, en un choque con Walter, del Valencia —no pudo jugar la final de Copa—, y en las temporadas siguientes se hizo imprescindible en el Atlético. Se retiró en 1972 y después fue más de veinte años procurador de tribunales.

En la retina de todo atlético está esa foto tras marcar un gol en la Creu Alta de Sabadell en 1970 cuando el Atlético ganó la Liga, o levantando la Copa de 1972, en la que contaba una anécdota: “En esa final, que jugamos contra el Valencia, había quedado con Quino, junto al que veraneaba en Punta Umbría, para intercambiar las camisetas al final del encuentro. Y así lo hicimos. La gente, alborozada, saltó al césped del Bernabéu y, tras tantos abrazos y felicitaciones, me retiré al vestuario. 'Calleja, Franco está esperándole para entregarle la Copa', me dijo Pruden, que era el delegado del estadio madridista. Yo iba con el torso descubierto y no sabía qué hacer. Un aficionado, al que Griffa había bautizado como el Narigón de Cabra, me entregó una con el número 3 que, curiosamente, yo le había regalado hacia años. La diferencia estaba en que era de manga larga y como era verano habíamos jugado con una de manga corta. Me la puse y subí a recoger el trofeo, el último que gané con el Atlético”.

Siempre será recordado por sus subidas por la banda y sus centros. La zaga que formaba con Rivilla y Griffa es eterna en la memoria atlética.

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