De la brillantez a la ingenuidad
Marc Roca falló un control en campo propio y con el equipo abierto, y no tuvo más remedio que hacer falta. Amarilla. Roja. Y negro fue el futuro...

Crueldad. Hasta el minuto 93, el Espanyol había realizado uno de los mejores partidos de la temporada ante un Betis in crescendo y en un Villamarín que acogerá la final de Copa en mayo. Hasta ese minuto, el partido estaba abocado a una emocionante prórroga en igualdad de fuerzas. Pero, en una décima segundo, todo cambió. Marc Roca falló un control en campo propio y con el equipo abierto, y no tuvo más remedio que hacer falta. Amarilla. Roja. Y negro fue el futuro perico a partir de ese momento.
Sin Glasgow. Con uno menos, y con el desgaste físico acumulado, la prórroga fue un suplicio para los pericos. Sergio León, en la puerta de salida como Sanabria en la ida, fue el delantero más desequilibrante, y en apenas cuatro minutos liquidó la ronda. El escenario era el mismo que en Glasgow, en aquella final europea de 2007 en la que el expulsado fue otro mediocentro, Moisés Hurtado. Pero este Espanyol no es aquel: le cuesta encerrarse y sellar la portería. Ni apareció Jónatas ni los blanquiazules lograron que el marcador no se moviera.
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El gafe de Leo. Antes del desenlace, el equipo perico fue el de las primeras jornadas. Se tomó en serio el partido y descorchó su fútbol, incluso se destapó con su versión más agresiva parando los contrataaques béticos con faltas; evitando, por ejemplo, goles como el de la ida en el que nadie frenó a Carvalho. Fue curioso el gol de Baptistao. El delantero, que podría irse a China, ha estado meses sin ver portería y jacumula dos goles en dos partidos justo cuando puede abandonar la entidad... Un resumen del sinsentido del curso. Curiosidades al margen, la andadura del Espanyol en la Copa ha sido notable, y por momentos los aficionados se frotaban las manos con volver a revivir una semifinal en Cornellà-El Prat.
El futuro. Eliminados ya de la Copa, el Espanyol debe centrarse en salvarse cuanto antes en LaLiga. El domingo visitará fatigado un Estadio de la Cerámica revuelto, donde la derrota puede provocar que el Espanyol mire a la cara el descenso. Con la actitud (o si lo prefieren la puesta en escena), los refuerzos que se esperan para hoy (y la incógnita del rendimiento de Wu Lei) y el calendario más amable, el Espanyol debe ir para arriba. Otra cosa es que por el camino la paciencia con Rubi toque a su fin.



