De la hermosura a la épica en Sevilla
las victorias se siguen resistiendo, una mala noticia porque a veces ganar o perder es cuestión de costumbres, y esos detalles que separan ambos signos...

Cambio drástico. El Espanyol pudo irse a Sevilla con un resultado fabuloso. El 1-0 significaba disfrutar de una vuelta repleta de esperanzas para clasificarse, cuatro años después, para unas semifinales coperas en un curso que, además, se asemeja a los de 2000 y 2006, cuando el conjunto blanquiazul levantó el título en Valencia y Madrid. Pero el gol de Sanabria es un mazazo, que obliga a que el Espanyol que fuera de casa ha mostrado su peor cara gané a un Betis que tiene sed de títulos. Del día a la noche por una absurdo contraataque.
Al galope. Porque el Espanyol, después de una primera parte igualada en la que dispuso del gol del Panda (¿quién si no?) y de otras ocasiones, decidió defenderse ante un Betis que mastica el balón como un niño un chicle, pero que encontró el premio del gol en su versión más descamisada. No estuvo bien Rosales en la pérdida, ni Melendo en no detener a William como en el partido de Liga Roca no supo frenar a Canales a tiempo. La ternura en determinados momentos se paga caro, como ocurrió en este partido de Copa en el que el Espanyol perdió una buena oportunidad en diez segundos que duró un contraataque perfecto.
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Las mejoras. El partido de Copa no fue el de Liga, aunque en aquel 1-3 el Espanyol aguantó el tipo hasta el minutos 86. En este caso, Rubi modificó el sistema y los blanquiazules se defendían con dos delanteros para dificultar la salida de balón del rival y para poder salir al contraataque si lo lograba. La mejor noticia del partido fue Hermoso. El central demostró la influencia que puede tener un jugador en el equipo: el Espanyol se mostró más seguro en defensa, en el juego aéreo y, para más énfasis, mejoró el juego con sus pases filtrados, como el que acabó con el gol del Panda.
El viento divino. De punta a punta, el Espanyol fue más reconocible, enterrado la debacle de Ipurua. Roberto jugó su mejor partido de la temporada, con dos manos salvadores, mientras que Lluís López cumplió en sus labores. Pese a que no fue un mal partido perico, las victorias se siguen resistiendo, una mala noticia porque a veces ganar o perder es cuestión de costumbres, y esos detalles que separan ambos signos dependen de la confianza y de algún viento divino. Y eso debe cambiar cuanto antes.



