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Cazorla supera con cada aplauso el calvario de cinco años que ha vivido

Querido. "El futbolista pasa y la persona queda", fue el consejo de Loli y José Manuel a su hijo Santi Cazorla cuando comenzaba su carrera. Pueden sentirse orgullosos, su hijo lo ha cumplido a rajatabla. Sólo hay que ver las ovaciones que le dedican en cada campo que visita con el Villarreal, los abrazos de los compañeros de profesión o los mensajes que se cuelan en las Redes desde el pasado 17 de julio cuando volvió a jugar después de 636 días. Si Carzorla es tan querido no se debe sólo a su lucha titánica por volver a ser jugador de fútbol, después de dos años parado y más de once intervenciones, es por su cercanía, porque sigue siendo un guaje aunque haya sido dos veces campeón de Europa y haya sido cuatro años, palabras del Arsenal, el “jugador más técnico de la Premier”. Porque cuando iba a ver jugar a su hermano Nando al Lugones se hacía fotos, una por una, con los 800 que iban al campo.

La sentencia. Es porque después de haber conocido el sabor del éxito, con la fama y la solvencia económica que eso supone, ha llevado con una dignidad enorme su vuelta a la casilla de salida. No imaginaba Santi que iba a vivir momentos mucho más duros que aquel en el que se quedó fuera de la lista para el Mundial de Sudáfrica por una hernia discal. Precisamente en un partido con la Selección en 2013 comenzó su calvario, un golpe en el tobillo le provocó una fisura en el hueso y a partir de ahí el dolor fue su único compañero. Pasó por el quirófano por una rotura de ligamento en la rodilla izquierda, pero los problemas del tobillo persistían. En Inglaterra le dictaron una sentencia: “Si vuelves a caminar date por satisfecho”. Tres bacterías acabaron con ocho centímetros de su tendón de Aquiles y a punto estuvieron de dejarle sin pierna de no haber sido por la intervención del doctor vitoriano Mikel Sánchez.

Sacrificio. Tras la milagrosa reconstrucción del tendón se marchó a Salamanca para trabajar con Juan Carlos Herranz, el que fuera fisioterapeuta de la Selección, más de 12 horas diarias. Meses viviendo solo en una habitación de hotel. Y en el camino diario de la clínica al hotel, saludaba con una sonrisa a todos los salmantinos con los que se encontraba, aunque alguno no reconocía a tan ilustre vecino.

Recompensa. Por cómo es Santi Cazorla no dudaron los Roig, padre e hijo, en abrirle de nuevo las puertas del Villarreal. Los mismos que en más de una ocasión habían declarado que la marcha de Cazorla en 2011 fue la “más dura que habían vivido”. Y el chico de Lugo de Llanera ya no hace planes, sólo quiere disfrutar y poder despedirse algún día del Emirates.

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