El Espanyol y su crisis de identidad
El derbi agrava la crisis de resultados y de identidad del equipo de Rubi, que aún debe decidir si quiere ser mejor con todas las consecuencias.

No fue un espejismo. El derbi no significó un cambio de rumbo en la varada trayectoria del Espanyol en las últimas jornadas. Al equipo blanquiazul no le salió un plan que se situó en las antípodas de la valentía que proclamaba Rubi, atemorizado en su campo por Messi y su ejército, sin atacantes que amenazaran la portería de Ter Stegen. Con el magistral 0-1 del argentino (¿habría sido gol con la barrera en el otro palo?), al Espanyol se le fundieron los plomos, y cuando quiso reaccionar ya se encontraba con un 0-3 irremontable. El derbi agrava la crisis de resultados y de identidad del equipo de Rubi, que aún debe decidir si quiere ser mayor con todas las consecuencias. El Espanyol de las primeras diez jornadas fue real; no un espejismo.
El bailarín. El técnico agitó la alineación. La baja de Hermoso propició que Duarte repitiera en el eje central y evidenció nuevamente los problemas del Espanyol para sacar el balón jugado desde atrás. Sin el madrileño, el equipo pierde claridad y expone a Roca, más impreciso en el pase que de costumbre. Víctor Sánchez volvió a la titularidad desde agosto mientras que Melendo, el cuarto hombre del centro del campo, fue un bailarín sin pareja, obligado a hacer una exhibición en solitario. La afición hasta silbó el cambio.
Principio y final. No hay nada peor que no creer en lo que una hace, todo se desfigura y la excelencia se torna en vulgaridad. Y el Espanyol dio esa sensación a lo largo del encuentro, con su portero y su delantero centro como ejemplos. Sobrio hasta el momento, Diego López no estuvo acertado en la noche de ayer. Letal y oportunista como pocos, Borja Iglesias no logró rematar ninguna acción, absorbido por un silbado Piqué y Lenglet. El Espanyol tampoco encontró rendimiento en sus vértices.
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Ambiente gélido. El ambiente ni mucho menos fue de gala. La afición del Espanyol asistió al homenaje a Juan Segura Palomares y disfrutó del espectáculo de música y luces previo al encuentro, quizás el momento más eufórico que vivieron en Cornellà-El Prat los escasos 24.037 aficionados que se congregaron, poco más de media entrada para ver el partido más esperado del curso. La grada se quedó helada, por el frío y por el gélido rendimiento de su equipo, que antes del descanso ya perdía por 0-3. Ni la pancarta emotiva de la grada Canito, con ese mismo jugador, Zamora, Tamudo, Marañón y Lauridsen, pudo espolear al equipo. La afición despobló Cornellà-El Prat con el 0-4. El derbi más desangelado que se recuerda.
El reto de Rubi. Y así se desangró el Espanyol. El equipo de Rubi debe intentar volver a enamorarse, de volver a la primera vez. Chen fue testigo desde el palco y antes encabezó la comida de directivas en la casa Batlló. Rubi debe ser como Gaudí: seguir construyendo un equipo moderno y no volver al renacimiento, como el Espanyol del derbi.



