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Cuando llega el éxito, agradecimiento y humildad

Por Juan Manuel Botella, Gerente de SD Correcaminos, organizadora Maratón Valencia Trinidad Alfonso EDP

Hace quince años -anteayer en términos de atletismo- le preguntaron en una entrevista a Toni Lastra, muchos años presidente de la Sociedad Deportiva Correcaminos, qué tres deseos pediría para su maratón si se encontrara una lámpara mágica.Toni era un hombre menudo, enérgico, de respuestas afiladas. Se lo pensó largo rato y comentó:

-Hombre, si es una lámpara mágica habría que apostar fuerte con los tres deseos.

-Ya, ¿pero cuáles? -le instaron.

ATLETISMO 18/19Llegada de un corredor a la meta.

Entonces respondió con voz de venirse arriba:

-Pediría que llegáramos a 3.000 inscritos, que se bajara de 2 horas 10 minutos, y que tuviéramos un patrocinador que nos durase más de un año.

Tres lustros después, el Maratón Valencia Trinidad Alfonso-EDP se ha ganado con 2h04:31 y los 12 primeros han bajado de 2h09; ha habido 22.086 inscritos porque, por motivos de seguridad y calidad, se cerró el censo dos meses antes; y posee un patrocinador indestructible que apoya con recursos económicos y recursos humanos, que se llama la Fundación Trinidad Alfonso.

El mérito es de todos

De los corredores, porque sin ellos no tiene sentido organizar nada. Hay que dar las gracias a las 106 personas que han bajado de 2h30, a los 1.711 que han bajado de 3 horas entre ellos 56 mujeres, y a los miles y miles de peatones del running, no importa su velocidad, que sufren cada día para entrenar una prueba que les obliga a poner patas arriba su vida laboral y familiar.

El éxito es también de quienes, como Toni Lastra y su generación, organizaron las primeras treinta ediciones de la prueba en condiciones muy complicadas, casi heroicas, contra viento y marea, con muy pocos recursos, y derrochando pasión cuando seguramente lo sensato habría sido mandar a hacer gárgaras una prueba que vampirizaba su tiempo, salud y dinero. Pese a los años transcurridos, la mayoría de ellos siguen ligados de un modo u otro a la organización, porque el veneno dulce del maratón -de hacer feliz a la gente que corre- es superior a sus fuerzas.

Lo es igualmente del Ayuntamiento de Valencia, de la Policía Local, de una ciudad que soporta con paciencia que su maratón le ponga del revés, y ha hecho bueno aquello de si no puedes con tu enemigo runner, únete a él.

Y lo es de los patrocinadores, y en particular de Juan Roig, un señor de casi dos metros, voz serena y una extraña capacidad para ver cosas que no se ven a simple vista. Este hombre soñó con un evento icónico capaz de proyectar Valencia en todo el mundo, y tanto empeño ha puesto, que dedica su propio dinero a pagarlo porque piensa que si el maratón se hace grande, se hace grande su tierra.

Al llegar el éxito, hay que ser humilde y constante. Humilde para seguir aprendiendo. Constante para seguir con ganas de nuevos logros. Es fácil llegar, y difícil quedarse. Quedémonos con humildad y constancia. No nos lo creamos. Hablemos poco y trabajemos mucho. Queremos ser el Yuki Kawauchi (¿o el Tsegaye Kebede?) de los maratones. Estar en las cosas importantes, y en los pequeños detalles. Por eso en este día después de la gran fiesta en Valencia, en vez de emborracharnos de gloria ni creernos súbitamente estupendos, nos acordamos de todos los que nos trajeron aquí y ya no están, de todos los que nos han traído y siguen a nuestro lado, y de un nombre en concreto, Manuel Gutiérrez de Castro, que ayer tuvo que retirarse del Maratón de Valencia, por primera vez en 38 años, por culpa de una lesión. Qué dolor tendría este hombre para abortar su cita anual con la meta de los 42,195 km de la capital del Turia. Se batan los récords que se batan, el Maratón de Valencia debe estar impregnado por siempre de gente como Manuel; gente sencilla e incesante, que sabe detenerse en el momento apropiado, y arriesgar cuando merece la pena.


 

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