ALBERTO MARTÍNEZ

Los fantasmas que persiguen a Álvaro

El delantero espera ahora quitarse ese lastre y demostrar que los fantasmas solo le aparecían cuando se ponía la blanquiazul. Álvaro no ha logrado profeta en su tierra.

Alberto Martínez
Redactor de Fútbol y Más Deporte
Licenciado desde 2006 pero escribiendo crónicas desde 2003. En AS desde 2005, donde informa del Espanyol y de polideportivo, especialmente de deportes acuáticos. Ha estado en tres Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Natación y tres Europeos. Autor del libro ‘Jesús Rollán eterno’.
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Álvaro Vázquez era uno de los fijos en los premios 'Aigues del Montseny' que otorgaba AS hace años a los goleadores de cada uno de los equipos de fútbol base. Ciertamente realizar aquellas clasificaciones era un fastidio. Cada lunes había que llamar a los entrenadores o delegados para que nos dijeran uno por uno los artilleros de esa jornada o ir a comprar el extinguido 'Blanc i Blau' al quiosco para copiar de allí los que aparecían en las crónicas. A veces nadie cogía el teléfono, y otras se había agotado ese diario. Siempre nos quedaba a mano Carles Casanova para sacarnos de un apuro y decirnos quienes habían marcado los 20 goles del Prebenjamín A. "Este va a llegar", aseguraban los técnicos cuando el ahora ya jugador del Zaragoza fue el pichichi en categoría cadete y se le concedió un premio. Desde aquel momento no le quitamos ojo a aquel delantero rápido, un depredador del área de mirada inocente.

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Pero la historia de Álvaro con el Espanyol ha estado rodeada de fantasmas. Raúl Tamudo se retiró del Espanyol en mayo de 2010 y en septiembre, ante Osasuna, Álvaro Vázquez marcó en su estreno en el estadio de Cornellà. A rey muerto, rey puesto, dijimos todos, sin recordar que el propio Tamudo necesitó cesiones (Alavés y Lleida) para explotar. Y también que las comparaciones son más propaganda que realidad. Sobre todo cuando en julio de 2012, al delantero se le adeudaban más de 500.000 euros en premios desde hacía un año y medio y decidió, asesorado, denunciar al club. Pronto se marchó cuatro años a Getafe y Swansea (87 partidos y 17 goles) hasta que el Espanyol, con Quique, le dio una segunda oportunidad pagando más de tres millones de euros, en una operación digamos que extraña. Él ya se encontraba en A Coruña pasando la revisión médica cuando la llamada del Espanyol le hizo cambiar de destino. Un perico nunca se niega a volver.

Lo de extraña no solo por la cifra, sino porque Quique apenas lo utilizó diez partidos la primera temporada, la mayoría de ellos pegado a la banda y jugando el tiempo de la basura. Al curso siguiente fue peor. No le dio ni un minuto. Ausente en el campo, el jugador era activo en las redes sociales. Una penitencia que le puso una etiqueta dañina. Tuvo que irse al Nàstic, donde jugó 18 partidos y marcó seis goles. Ayudó a que los grana se salvaran. Este curso, Álvaro no ha convencido en la pretemporada. No ha sido el primer Álvaro, ni el del Getafe ni el del Nàstic. Ha sido el Álvaro del Espanyol de Quique, lejos de su verdadero nivel. A sus 27 años y con ya solo un curso más de contrato cuando vuelva el próximo junio, la marcha de Álvaro a Zaragoza suena a despedida. El delantero espera ahora quitarse ese lastre y demostrar que los fantasmas solo le aparecen cuando se ponía la blanquiazul. Álvaro no ha logrado ser profeta en su tierra. Una lástima para un jugador que, de niño, lo era todo.

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