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Cañonazo al palo mayor de la Selección

España comienza el Mundial con una noticia inquietante: el seleccionador, Julen Lopetegui, tiene los días contados. En el mejor de los casos, y eso se antoja ahora más improbable que hace unas semanas, Lopetegui dirigirá a la selección hasta el 15 de julio, fecha de la final. En el peor, su relación con el equipo nacional terminará días o semanas antes. Su destino es el Madrid, que ayer anunció su fichaje. Han pasado 15 días desde la renuncia de Zidane y apenas tres semanas desde el acuerdo de la Federación Española con el técnico guipuzcoano, que renovó hasta 2020. Pocas veces se ha visto algo parecido en el fútbol. No se ha producido nada de lo que se presumía en el Madrid y en la Selección. El estupor supera al desconcierto. A tres días del arranque del Mundial, el anuncio del fichaje de Lopetegui significa un cañonazo al palo mayor de la Selección.

En términos administrativos, nada impide al Madrid negociar con el seleccionador español, ni comunicar el fichaje en la fecha y hora que le apetezca. Así es el fútbol, y más aún en estos tiempos de tiburoneo mercantil. Manda el negocio, y no un negocio cualquiera, aunque los grandes negociantes del fútbol pretendan vestir sus habilidades empresariales con grandes y emotivas palabras: pasión, lealtad, destino, respeto, dignidad, orgullo, tradición, señorío… Es el mensaje de una de las principales industrias del siglo XX. Su oficio es vender el producto, envolverlo con celofán y mantener el negocio. Desde esa perspectiva, el Madrid ha resuelto el problema que le dejó Zidane con la contratación de Lopetegui. Que los demás se cuiden de sus problemas, incluida la Selección española.

Es posible que a Florentino Pérez le importe muy poco lo que piensen los aficionados españoles, o por lo menos los que no están adscritos sentimentalmente al Madrid, aunque serán muchos los hinchas madridistas que se sientan tan perplejos como los demás por la noticia del fichaje de Lopetegui, o por el momento elegido para comunicarlo. Sin embargo, el fútbol tiene peculiaridades que conviene atender, tanto en el plano simbólico como en el funcional.

Agresividad. Desde la perspectiva simbólica, y España atraviesa momentos extremadamente sensibles en cuestiones simbólicas, es una operación agresiva y debilitante para la Selección española. Desde el lado funcional, el caso Lopetegui tiene un carácter desorientador. Descoloca el foco del Mundial y lo sitúa sobre las vicisitudes del seleccionador. Lopetegui será el técnico de 23 jugadores, pero 17 de ellos saben que dirigirá la próxima temporada a los seis del Real Madrid en el Mundial. Salvo que la profesionalidad del grupo alcance cotas mágicas, la situación invita el pesimismo. España, que había recorrido el camino hasta el Mundial con firmeza, excelente juego y buen rollo, empieza el torneo con un jaleo sin precedentes. Si sale bien de ésta, dejará pequeño el éxito de Suráfrica.

La noticia es de tal calibre que obliga a pensar en circunstancias que la expliquen. Pocas cosas hay más tentadoras en el fútbol que una oferta del Madrid, pero tampoco es cualquier cosa dirigir a la Selección española en la Copa del Mundo. ¿Se podía llegar a un acuerdo sin anunciarlo tres días antes del comienzo del torneo? Era lo deseable para la selección, pero no tanto para el Madrid, que así acaba las especulaciones de un plumazo. Todo esto ha sucedido en un periodo de enormes turbulencias en las dos instituciones. Lopetegui renovó su contrato el 22 de mayo, pocos días después de la elección de Rubiales como presidente de la Federación. Por fastuosa que sea la oferta del Madrid, cuesta entender la distancia entre el mensaje de la renovación del seleccionador, mensaje especialmente dirigido a los jugadores recién convocados, y la noticia de su marcha. No se sabe si hay alguna desconocida marejada en la federación, pero situaciones de esta gravedad obligan a considerarlo.

El fichaje sitúa el impacto sobre la Selección, que disputará el viernes su primer partido, contra Portugal, campeón de Europa, por si necesitara de más presentación. Por asombroso que parezca, el foco informativo se ha colocado en otro lado. La responsabilidad de Lopetegui en este asunto es la misma que la del Madrid, pero con matices diferentes. Al seleccionador le convenía el silencio que el club no ha guardado. Sabe que su gestión será más infinitamente más complicada en las circunstancias actuales.

Los tiempos. Un aspecto interesante de la nueva relación entre el Madrid y Lopetegui es el manejo de los tiempos en las próximas semanas, cualquiera que sea la trayectoria de España en el Mundial y principalmente si la Selección llega al menos hasta semifinales, es decir a mediados de julio. Estas próximas semanas serán cruciales para la Selección y para el diseño del Madrid. ¿Qué ocurrirá con Bale? ¿Y con Cristiano? ¿Qué sucederá con Benzema? ¿Seguirá Keylor? ¿Llegará Allison, o Courtois, o Oblak? ¿Qué fichajes se producirán? ¿Qué planificación seguirá el equipo durante la temporada? ¿Quién se ocupará de los jugadores no internacionales en los primeros días de julio? Son tantas las preguntas cómo la incertidumbre en las respuestas.

Se supone que estas cuestiones corresponden al área del entrenador, es decir, de Lopetegui, embarcado durante ese periodo en la complicadísima gestión de uno de los equipos favoritos en el Mundial y, por lo tanto, sometido a una demanda exclusiva de tiempo, atención y energía. Y, sin embargo, no habrá manera de que el Madrid, en el cuidado de su negocio, no incida en esta esfera de Lopetegui. La situación es más que inquietante. Empuja al desánimo en el Mundial.

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