El Barça, un trapo de Champions

Es muy difícil decir que el Barça de este martes en Roma fue peor que el de 4-0 en París o el 3-0 en Turín. Pero lo fue. Su caída no se debió a desatenciones ni a decisiones arbitrales. Tampoco a la mala fortuna. Perdió con estrépito porque fue un equipo pequeño hasta el extremo que quiso dedicarse a pasar el tiempo simplemente porque no tenía ninguna idea mejor ni, por lo visto, confianza en lo que hacía pese a sólo haber perdido un partido en 48 oficiales entre Liga y Copa y Champions.

Lo que pasó en Roma fue directamente inaceptable en una entidad que empieza a acercarse a los mil millones de euros de presupuesto. Fue algo de actitud pero sobre todo de capacidad. También de liderazgo. El partido, es obligado, deja señalado a Valverde, que se quedó inmóvil contemplando el baño monumental que le estaba dando Di Francesco, que le sorprendió con el doble nueve formado por Dzeko y Schick. También con los carrileros, con la posición de Nainggolan, con las subidas de Kolarov y la contundencia y la intensidad del Roma. El Roma fue valiente, quiso como su gente. No tenía fe en una noche histórica pero la fue alimentando con razón. Y la consiguió con un partidazo de ley.

Este lunes, cuando Monchi abrió a As las puertas de Trigoria, varios jugadores se abrazaron al León de San Fernando. Uno de ellos fue Manolas. Estaba como una moto por las críticas de la prensa después de la caída ante la Fiorentina. Habían tirado 20 veces, habían metido cero goles. Monchi le animó a seguir. Con humildad. La que no tuvo el Barça, un trapo de Champions.