Hablar del futuro es un tabú
Al final, la agenda no la marcan el aficionado ni la prensa, sino el equipo. y sus resultados. Con tres o cinco puntos a los que se refería Quique, se hablaría más los objetivos europeos que del futuro de la plantilla.

Noticias relacionadas
Hablar del futuro es tabú en el mundo del fútbol. Sus protagonistas están más acostumbrados (quizás por recomendación) a que las especulaciones fluyan que a salir al paso y explicar la verdad. Una estrategia que, en ocasiones, les puede explotar en las manos. Ocurre con Pau López, quien ha ido despejando las preguntas como tan bien ha despejado balones en su notable temporada, salvo el desliz del último partido en el Villamarín. Lo mismo ocurre con Quique, quien también regatea estas cuestiones, con el clásico “no me gusta hablar de mí” o con su resistencia a reconocer en su primera conferencia de prensa tras su negociación con el Stoke que sí acabaría la temporada en el Espanyol. Ayer sí quiso hablar de él para recordar que viene de una familia que sabe lo que es trabajar para la audiencia.
Esta falta de costumbre (entendida en ocasiones) hace que esa audiencia se pronuncie y sea a veces beligerante, porque los silencios se penalizan y son considerados una falta de transparencia. Y más cuando el equipo está en una zona poco ilusionante, momentos en los que los asuntos extradeportivos y el futuro del club son la preocupación de los aficionados. El rendimiento del equipo no ha mejorado, y el socio está más pendiente de si Quique sigue o no, de quién será el portero la próxima temporada o de si la plantilla será mejor o peor que la actual. Al final, la agenda no la marcan el aficionado ni la prensa, sino el equipo. y sus resultados. Con tres o cinco puntos a los que se refería Quique, se hablaría más los objetivos europeos que del futuro de la plantilla. Y en esto último, el silencio es peligroso.



