UN ROOKIE EN EL DAKAR

Dormir en un autobús, capítulo ocho

La primera vez es agradable, sobre todo si el autobús no está en marcha y si la otra opción es montar la tienda de campaña sobre ...

Jesús Balseiro
Corresponsal de AS en los grandes premios de Fórmula 1 desde 2019. Colaborador de la SER. Graduado en Periodismo por la Universidad Complutense, forma parte del diario desde 2013 y, además de la F1, ha cubierto dos Rally Dakar y ha asistido a competiciones internacionales de motor como los Mundiales de Resistencia, Turismos, Motocross o Fórmula E.
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La primera vez es agradable, sobre todo si el autobús no está en marcha y si la otra opción es montar la tienda de campaña sobre arena fina en pleno desierto peruano. Conforme insistes en esta práctica nocturna tan poco ortodoxa, el asiento reclinable hasta los 180 grados es cada día menos recto, su almohada repele con más insistencia tus cervicales, su reposapiés parece acortarse a cada hora. Y el espacio restante a tu alrededor está siempre más desordenado.

Pero no está tan mal, sobre todo si lo comparas con dormir en un autobús en marcha cruzando fronteras de madrugada con el pasaporte en la mano. Viajes de 12 horas, carreteras serpenteantes descendiendo del Altiplano y baches, continuos baches, que te mecen sin ningún tipo de cariño. Todo para llegar a primera hora al siguiente vivac y estar preparado para cuando lleguen los pilotos si el barro no lo impide, como en Tupiza, porque entonces el autobús se recicla para convertirse en sala de prensa. Se habla del Dakar de coches, motos, quads, buggys y camiones. Luego está el Dakar de los autobuses.

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