Entre la oportunidad y el problema
Los problemas pueden suponer oportunidades en esta era en la que se positiviza hasta una avería en el coche. Quique tiene ahora dos oportunidades...

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Los problemas pueden suponer oportunidades en esta era en la que se positiviza hasta una avería en el coche. Quique tiene ahora dos oportunidades (aceptemos este término en el universo de la felicidad). La primera de ellas, convertir al Espanyol en un equipo que pueda pelear de tú a tú con los equipos de la zona europea y que sea capaz de dar el golpe en algún estadio 4.0 o 5.0, como ya ha hecho este curso el Betis en el Bernabéu (0-1), por ejemplo. La segunda oportunidad es aprovechar la competencia que existe ahora al tener a su disposición a los 25 jugadores y crear una batalla tan salvaje por la titularidad que saque lo mejor de cada futbolista. El rendimiento individual mejora el colectivo, y es probable que la superación vaya por ahí. Este Espanyol gustará más o menos, pero funciona como equipo.
Por eso Quique habló ayer de buenas personas, en especial para aquellos jugadores que acepten que su participación en el grupo sea testimonial, pero que sean capaces de no generan problemas (¿u oportunidades?). Si la antropología o la política han querido crear sociedades basadas en la bondad del ser humano y —en la mayoría de proyectos utópicos— ha fracaso, el fútbol tampoco es muy dado a respetar estos códigos porque el futbolista suele ser ambicioso, rebelde y en ocasiones egocéntrico. La historia del fútbol ha demostrado que son escasos los jugadores que han mantenido su fuego competitivo y no han generado problemas. Javi López puede suponer un ejemplo y un espejo. Pero lo lógico del que no juega es caer en el conformismo o la irreverencia. Problema u oportunidad para Quique.



