Aquellos campos de tierra...
Cuando el fútbol no era un negocio ni el futbolista un producto, este tipo de aventuras se vivían con mayor intensidad, pero ahora hay muchos futbolistas que se olvidan...

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El fútbol profesional vive en una burbuja a tantos kilómetros de distancia del resto de mortales que una historia como la de Lopo puede resultar extravagente, atípica, pero en realidad es excepcional y meritoria. En otros tiempos, no era descabellado ver a jugadores de primer nivel acabando su carrera en clubes modestos, unidos por un componente sentimental. Volvían a sentirse niños, enfrascados en el barro en un campo de tierra, jugando con sus amigos y disfrutando más del tercer tiempo que de los dos primeros. El añorado Canito finalizó su carrera en el Lloret, como Jaume Sabaté en el Badalona. Saliendo del universo perico, el Balón de Oro Simonsen regresó al Vejle danés mientras que Mágico González llegó a dar sus últimas patadas con 44 años en el San Salvador Fútbol Club.
Cuando el fútbol no era un negocio ni el futbolista un producto, este tipo de aventuras se vivían con mayor intensidad, pero ahora hay muchos futbolistas que se olvidan de que llegaron a la cima porque alguien les cuidó en la base. Todo lo que sea unir ambos mundos o regresar al lugar de origen representa una cura de humildad que no muchos están dispuestos a realizar. Al final les une un balón y les separa una escenografía. Simplemente eso. Sería bueno que, como Lopo, muchos jugadores volverían al otro lado...



