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El tercer tiempo

El tercer tiempo

Destino del futbolista

Escribió Pablo Neruda: “El destino del hombre es amar y despedirse”. Ya ven lo que pasa con el amor (se gane o se pierda): llega el verano y si te vi no me acuerdo. El joven Ceballos quería al Betis; flirteó con otros, nada más acabar la temporada. El último dedo de la margarita fue para el Real Madrid. Tuvo entre sus pretendientes al Barcelona, pero a los azulgranas los gatos se les vuelven pulgas, y se les fue Ceballos entre los dedos, como Verratti, ahuyentado por los manejos de su agente. Ahora Ceballos se les va con destino a Madrid. Verratti se queda donde estaba, su equipo de toda la vida de la siguiente temporada.

Los deseados

Los aficionados nos acostumbramos a los rostros como si fueran de nuestra familia. En un tiempo me gustó De la Peña; creí que resolvería aquella sequía de mi equipo, que es el Barça. Después confié ciegamente en Saviola, como si hubiera llegado un nuevo Ronaldinho. En los viejos tiempos Foncho fue un ídolo, por tinerfeño como yo. Después vinieron Cruyff y Messi, y éste sigue, y seguirá por lo que se ha visto en este verano de idas y venidas… Y un día se irá Messi, y el inolvidable, el deseado, será sustituido por otro en nuestros álbumes de los más queridos. Quienes jamás se me van son don Luis Suárez y don Ladislao Kubala, platas de ley.

Y los que vienen

En todos sucede lo mismo. La UD Las Palmas recupera a Vitolo, y recupera incluso a Valerón, que es como su escudo, como lo fueron Germán y Guedes. Hace años el Atlético de Madrid recuperó al Niño Torres, ya un hombre mayor. Todos recuperan a alguien que en otro tiempo les salvó la alegría. Diego Costa, que no dejó indiferente a nadie; su mal humor llegó a ser un emblema. Pues cuando un aficionado quiere a un futbolista le acepta todo. Por toda España cunde ahora la fiebre del cambio y del regreso.

A lo grande

¿Y el Madrid? Los guiños del joven francés del Mónaco señalan lo que pasa en el fútbol de los traspasos, que mantienen la tensión en estos veranos de nada que ponen al fútbol a disposición del cotilleo. Mucho dinero, más del que el equipo puede gastar sin lesionar el vestuario, para un joven que es todavía un veremos, que diría Quevedo. ¿Si están indecisos entre un equipo y otro, entre el PSG y el Madrid, cómo van a jurar luego fidelidad eterna, por unos años, a uno o a otro? Se dijo, en la temporada que acabó que el equipo blanco tiene la mejor plantilla del mundo. ¿A qué embellecerla tanto?

Los de siempre

Los mejores de ahora parecen estar a salvo; Cristiano hizo un guiño, que no ha consumado, y ahí sigue, a la espera de que su calentón postemporada se suavice del todo entre las colonias de los niños. Que renovara Messi mientras tanto fue una alegría para los que, en medio del temporal judicial, creímos que el argentino iba a decir “adiós, muy malas”, e irse por la puerta china. Pero se queda; si amanece, nos vamos, parecía que iban a decir él y sus parientes. Amaneció y se quedaron. Seamos sinceros: es muy bueno para LaLiga. Y será bueno, claro, que lo mismo pase con Cristiano. ¿Qué va a ser el portugués con el argentino lejos?

Todos calvos

Yeray convalece, ojalá que se ponga bien pronto. Y sus compañeros del Athletic le han dedicado un homenaje de ánimo, muy bilbaíno. Se raparon para lucir esa calva colectiva. El afecto es el elemento que dio lugar al fútbol. Nunca un balón para uno solo, nunca una tristeza no compartida, nunca una alegría individual. Ahora se va Pepe del Madrid; hubiera sido bueno que este arrojado portugués, que por los suyos hacía de todo, hubiera tenido más afecto alrededor. Los que vienen saben que eso pasa, y aún así se mueven y llegan besando los escudos.

La frase

“Si amanece, nos vamos”, título de un aguafuerte de Goya, que luego fue un programa de la SER

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