Zidane, Luis Enrique y el miedo a ser Raúl
Justo cuando más escasea el trabajo, ésta ha sido la semana en la que varios entrenadores han coincidido en cerrarse varias puertas de cara al futuro ...

Justo cuando más escasea el trabajo, ésta ha sido la semana en la que varios entrenadores han coincidido en cerrarse varias puertas de cara al futuro. Pochettino dejó claro que no entrenará jamás al Barça y al Arsenal por el mero hecho de ser del Espanyol y de estar en el Tottenham. Luis Enrique recuerda cada vez que puede su fobia al Madrid, como si nunca hubiera vestido de blanco y como si estuviera picado con Piqué para demostrar quién es más culé. Y ahora ha sido Zidane el que, sorprendentemente para su mesura, ha dicho públicamente que jamás trabajaría en el Camp Nou como ya dejó un día caer Del Bosque. Choca tanta sinceridad y hasta se antoja excesiva en el objetivo común de jurar amor eterno a unos colores. La polémica en torno a Raúl, con su exquisita educación con el adversario y sus continuos piropos a Messi, parece haber dejado huella. Nadie quiere estar la diana. Todos desean presumir de lealtad.
Puede tener su lógica. Sobre todo en esta guerra Madrid-Barça en la que todo se magnifica. Desde hace tiempo pertenecer a uno u otro bando es algo tan serio como secundar una religión. No hay espacio a la conversión y sólo caben fieles y mártires. Sin embargo, chirría esta mentalidad de los entrenadores comparada con la frialdad de los jugadores, cuando opuestamente la historia ha sido benévola con los técnicos que cruzaron el puente aéreo y siempre ha sido más áspera con los futbolistas o baloncestistas que lo cogieron. Las razones serán diversas para la tozudez de unos y la flexibilidad de los otros, pero pueden tener un denominador común: los entrenadores tiene mentalidad de club por encima de todas las cosas y los jugadores suelen pensar primero en ellos mismos.
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Es curioso. Más allá de gustos, tanto en Madrid como en Barcelona se respeta mucho a Maljkovic y Antic, entrenadores que defendieron a ambos equipos en el pasado (Mou fue ayudante). El primero ganó una ACB con el Barça y luego repitió con el Madrid. Y el segundo fue campeón de blanco y llevó al equipo blaugrana a la UEFA de la 2003-04 después de haber cogido al equipo 15º. Mientras, Samitier, Schuster, Laudrup, Figo, Etoo, Ronaldo y hasta 28 jugadores en fútbol como Luis Enrique, y los Djordjevic, Bodiroga, Tomic, Savic y compañía en baloncesto, alimentaron esta bendita rivalidad abriendo heridas que en algunos casos no han cicatrizado.
El fútbol no tiene memoria y a veces lo más sano es olvidar. Zidane, Luis Enrique y tantos otros técnicos devotos no se deberían angustiar ni exceder. Uno: Raúl, haga lo que haga en su vida, es madridista y un señor. Da igual el orden que pongan. Y dos: si Iniesta antaño e Isco ahora coquetearon con el enemigo y siguen siendo ídolos en casa, todo es posible. Afortunadamente. Si el este deporte es tan especial es porque nos regala sorpresas inéditas a diario.




