El ratón, el gato, el león y el rey felino

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Iba el Espanyol a La Rosaleda a confirmar que su racha no era flor de un día, que no se debía al languidecimiento del Granada o a que el Sevilla jugara con diez. Y, ante el Málaga, quizá no ratificó la versión más vistosa de su juego pero sí algo igual o más importante: su fortaleza. Lejos de ser aquel equipo aspirina de toda la vida que volvió a reaparecer hace sólo tres semanas en Mestalla, se erigió en uno sufridor, capaz de vestir el mono de trabajo, de ser una suerte de cooperativa del achique de aguas, ante un rival que avasalló por momentos, pero que nunca logró superar un muro que ni el de Trump. Y todo ello, con la misma alineación de las dos anteriores jornadas, también ante conjuntos andaluces, que se han tornado talismanes para los pericos, igual que los ex, Pareja y Kameni. Un equipo titular que por ahora sólo sabe ganar.
Piatti, el imparable ratoncito, imprescindible para el Espanyol con siete goles y otras tantas asistencias, asestó un zarpazo al planteamiento del ‘Gato’ Romero y a los reflejos del león indomable Kameni. No desarmó al Málaga, pero llevó el partido a donde querían los pericos, ávidos de protegerse como bien lleva Quique ensayando desde hace justo una vuelta. Ni los 18 córners con el consiguiente juego aéreo, ni la insistencia a penetrar por dentro. Nada pudo con unos centrales, David López y Diego Reyes, que parecen bendecidos. Menos aún con algo con lo que no contaban ni el ‘Gato’ ni el león Kameni: el intacto instinto felino de Diego López. Ese 0-1 del ratón Piatti fue la metáfora de este Espanyol: un relámpago desde 32 metros, tantos como puntos suma un equipo que no sabe de distancias. Como la que le separa de Europa, si la hay.



