Federer-Nadal: pasen y disfruten

La final Federer-Nadal está al margen de los números, aunque se trata de una final que invita a desmenuzarlos. Tantos años, tantos enfrentamientos, tantos Grand Slam... Encima, la tecnología nos aporta toda clase de datos: los puntos que han disputado, los que han ganado con sus aciertos, los que han perdido con sus errores, la efectividad del saque, la del resto, el tiempo que han jugado, la distancia que han recorrido... Esta vez no les voy a hablar de números. Este partido ha de estar por encima de ellos. Creo que se trata de una final la de esta mañana para sentarse y disfrutar. ¡Ojo! Los jugadores son los primeros en prestar atención a las estadísticas; si Nadal ha considerado fundamental incrementar en tres gramos el peso de su raqueta, Federer ha aumentado la superficie del cordaje.

Mas dejemos eso hoy para los entendidos y los respectivos equipos de ambos jugadores. Hoy, simplemente, seamos simples espectadores. Ellos mismos hablaban este verano de que ya empiezan a estar para partidos de exhibición, y ahora se encuentran en la final de Australia. ¿Un sueño? Para nada. Este partido es producto de un trabajo que les ha llevado horas, semanas y meses de entrenamiento hasta alcanzar con esas nuevas raquetas un nivel imposible de creer hace tan sólo un par de años. ¿Raquetas mágicas? En absoluto. Se trata de unos pequeños cambios que les permiten mantener la agresividad y la potencia que van perdiendo con los años y el desgaste. Y como eso es así, vamos a asistir a un espectáculo único: la mejor versión de Federer y Nadal, ocho años después.