El tercer tiempo
Todo lo que hizo Cristiano frente al Atlético en el último derbi al borde del río estuvo bien hecho, salvo algunas cosas. Disparó...
Aquí estoy yo
Todo lo que hizo Cristiano frente al Atlético en el último derbi al borde del río estuvo bien hecho, salvo algunas cosas. Disparó con acierto, cumplió su promesa, y además se quedó limpio su traje de futbolista. En alguien de su pulcritud la apariencia en el campo es tan importante como el marcador de sus hat-tricks. Quedarse limpio en el campo no está al alcance de todos. Fue como decir: “Aquí estoy yo”.
Ansiedad de ganar
A Cristiano lo distingue del resto de los mortales futbolistas que quiere ganar hasta en los entrenamientos. Esa ansiedad de ganar está detrás de sus gestos, que se realizan en público con una precisión propia de Gary Cooper o, mejor, de Cary Grant. Ahora, además, lleva gafas de Cary Grant. Cuando miró a la cámara fijamente después de su segundo gol estaba enviando un mensaje. ¿A quién? A su hijo no, pues no sonreía. ¿A quién?
Te estoy mirando
Vale especular sobre el destinatario de la mirada de Cristiano. En realidad era una mirada desde arriba: nueve puntos sobre el Atlético, cuatro puntos sobre el Barcelona. Por encima de la tabla goleadora en vísperas del clásico interpueblos (Madrid, Barcelona), por encima de Messi en la lucha por el Balón de Oro… ¿Esa expresión decía “Messi, te estoy mirando?”. ¿O decía: “Te estoy mirando, Luis Enrique?”.
Cine o fútbol
Las dos cosas valen. Messi se había quedado en casa, indispuesto, y el Barcelona le ganó al Málaga un punto, a su afición un disgusto, a Luis Enrique un enfado y a la taquilla un espectador. El entrenador del Barcelona ya había dicho que si su equipo no ganaba en lugar de ver a Cristiano se iría a ver una película. A lo mejor se quedó en casa, viendo Solo ante el peligro, con Gary Cooper. O Con la muerte en los talones, con Cary Grant.
Los regalos
Vicente Verdú, gran tratadista del fútbol, quizá el primero que escribió un libro de fútbol, antes aún que Manuel Vázquez Montalbán, tiene un hermoso libro de poemas, ‘Si usted no hace regalos le asesinarán’. Cuando el Barça le regaló hora y media al Málaga pensé en ese libro y su metáfora. Aunque el Barça hizo el regalo, después del largo descuento (siete minutos) el Barça siguió perdiendo dos puntos.
Asesinato en LaLiga
Perdió dos puntos el Barça y se le quedó la cara de perdedor que tan bien le fue en el pasado y que tan mal le va en el presente. Hizo el regalo y lo asesinaron igual. Y LaLiga se ha puesto en el sitio donde solía estar años ha, con el Madrid encaramado, el Barça estudiado de cerca por el Sevilla, el Atlético fané y descangayado (como Simeone, ¿qué le pasa a Simeone?), y el resto de los equipos al trote.
El porvenir no llega
Cantaba Ignacio Aldecoa esa copla, “Sentadito en la ventana esperando el porvenir, y el porvenir no llega”. La tabla por el medio es esa figura; Las Palmas creyó en las nubes, y éstas se le escapan. El Celta arruina sus agallas, peces agónicos. El Madrid es Cristiano mirando a una cámara, en jarras, ordenando cómo celebrar los goles. El Madrid de siempre. Ay, LaLiga, en su sitio. Y el Barça haciendo regalos.
Mar incierto
Y ya que hablamos de regalos y de poesía, fíjense en el Valencia, “en el puerto de un mar sin tiempo”, como dice el verso del poeta Manuel Juliá. En esa cuesta abajo en la rodada tiene la compañía de una afición ardiente, pirotécnica, harta de empates e incertidumbres, y hasta arriba de regalos, que además en esa comunidad dan mal fario. El Granada, con el que empató ayer, merece un respiro, sí, pero el Valencia está ahogado.
La frase
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“Si usted no hace regalos le asesinarán”
Vicente Verdú




