Compromiso, calidad y Samir Nasri

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Césped rápido, frío en los huesos, lluvia impertinente y rival de escasa calidad pero de incansable ánimo. Estaba la noche en Maksimir Stadium como para montar una academia de amaestrar lobos, pero el Sevilla mantuvo el tipo, el compromiso y la calidad. Era un partido de amasar pacientemente, esperar la oportunidad, dar el zarpazo cuando hubiera ocasión y no perder un ápice de intensidad después. Por muy mal que ande el Dinamo, la Champions League es una competición implacable. Un torneo en el que el más tonto hace relojes, que decía el gran Luis Aragonés. Jorge Sampaoli la respetó, colocando a los mejores en el once titular. Y los mejores respondieron.
No funciona aún el conjunto como queremos, pero si aparecen las individualidades...”. Sí, no fue brillante de nuevo el Sevilla en Zagreb. El sorprendente arrebato de sinceridad de su técnico en la rueda de prensa previa al partido se cumplió, pero con un matiz: a los buenos les tiene que acompañar un compromiso colectivo. Y en eso no suele fallar el equipo de Nervión, sobre todo cuando se pasea por los estadios del Viejo Continente. Un Sevilla de estándares que da la talla tantas veces por individualidades ya de sobra conocidas (Nzonzi, Mariano o Vitolo) y alguna otra que aparece con la fuerza del fútbol y de los números: Samir Nasri. Da la impresión de que el Sevilla será este año lo que quiera el genio francés, omnipresente en el juego otro partido más, incluso para hacer el gol que encarrila el pase a octavos.



