OPINIÓN

Cómo se madura un partido

Moisés Llorens
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Cada vez es más evidente: al Barça se le hacen muy espesos, rugosos y graníticos los partidos en el que los rivales se cierran y le invitan a jugar en apenas 40 metros. Cada minuto que pasa y no se logra el objetivo de hacer volar el balón, los rivales ganan confianza, se atreven con todo e incluso optan a adelantarse, como sucedió ante el Moenchengladbach o ante el Alavés en Liga. El equipo sufre y entiende que al mínimo error la condena es inmensa; una mala decisión penaliza mucho. A Busquets se le enredó la pelota entre los pies Hazard sólo tuvo que empujar. Ese es el ejemplo.

Comenzó entonces un partido de 45 minutos, en el que fallo podría doblar la desventaja y sólo la paciencia podría reconducir la situación. Piqué tras el 1-0 pidió calma y cuando él volteó el marcador, se culminaba un sensacional trabajo colectivo de cómo se debe madurar un partido. Sin prisa, pero aprovechando todos los segundos del partido. No había margen para el dispendio. Volver a casa de vacío significaba jugarse el primer puesto a doble partido con el Manchester City, en el esperado regreso (de nuevo) de Guardiola al Camp Nou. El desgaste fue importante, pero el fondo de armario da para mucho. Y lo demostraron Rafinha y Arda.

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