La venganza del 86

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Las finales solo se empatan antes de jugarlas. El penúltimo spot en televisión fue un novedoso método de depilación masculina y mi chica me hizo un guiño con mensaje mientras me servía el primer JB. A continuación anunciaron una casa de apuestas y ahí me concedió las tablas. Luego en el campo ya no hubo tregua y con la expulsión de Mascherano me encomendé a Helenio Herrera. Aunque nunca dijo que con diez se juega mejor que con once (como siempre fue invento de un periodista) ya saben cómo se escribe la historia, y repuse hielos y wiski en el descanso.

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Pero una cosa es jugar con diez y otra con nueve, que eso vino a ser la lesión de Luis Suárez. Yo iba explicando a mis hijos que con la Liga era más que suficiente, y que peor nos fue en el 86. Aquel año hicimos un 'no doblete'. En la Copa del Rey nos tumbó un disparo lejano de Rubén Sosa y una semana después, en Sevilla, Duckadam, el portero del Steaua de Bucarest, o del 'de este agua no beberé', que diría Inocencio Árias.

Y entonces Neymar dio su primer sprint y Banega se fue a la ducha. Iniesta hizo de Cruyff, Messi de medio centro y Jordi Alba de Luis Suárez. Puigdemont se abrazó con Alicia Sánchez Camacho sin micros por medio. ¿Alguien se acuerda de las esteladas?

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