La intrahistoria

Estudio Estadio: la pasión nunca caduca

El fútbol le debe mucho a Prensa, Radio y Televisión.

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Si este sábado fuese uno de mediados de los años setenta dos avionetas despegarían de A Coruña y Granada hacia las siete de la tarde, darían dos vueltas en círculo sobre Prado del Rey tras llegar a Madrid, descenderían a continuación unos metros y en un último vuelo casi rasante arrojarían sobre unos setos unas sacas de lona con dos bobinas de cine de 16 milímetros. En esas bolsas irían las imágenes del campeón y subcampeón de Liga. Luego un productor las llevaría a la carrera al laboratorio para revelarlas, y sin visionarlas siquiera de antemano por la premura de tiempo, Miguel Ors, Miguel Vila o Juan Manuel Gozalo entrarían en el estudio para narrar de forma improvisada una tarde de locura y pasión en el estadio. Por eso Pedro Ruiz lo bautizó como Estudio Estadio, la mejor cabecera de cualquier televisión en España.

Hoy el Estudio Estadio tiene que reinventarse cada día. Los enlaces por fibra óptica y los modernos sistemas de grabación hacen innecesaria la contratación de avionetas y el revelado, como en aquellos años heroicos, pero las restricciones impuestas para el uso de los resúmenes por parte de la LaLIga que dirige Javier Tebas les obliga a un ejercicio de funambulismo televisivo durante la semana: hablar de fútbol sin ofrecer imágenes. Sólo una buena nómina de tertulianos y la conducción amena e irónica de Juan Carlos Rivero les permite seguir compitiendo con audiencia y rigor de lunes a viernes. Lo mismo pasa con los telediarios e informativos de otras cadenas.

Nuestro fútbol le debe mucho a los pioneros de la Prensa, la Radio y la Televisión, y eso no debiera olvidarlo Javier Tebas. José Ángel de la Casa siempre recuerda que su padre, un modesto peluquero de un pueblo perdido en mitad de la Mancha, era un gran seguidor de Piru Gainza, cuando no había ni televisiones, ni avionetas, ni el Athletic se dejaba caer por aquellos lares. Nunca lo había visto jugar, pero sí había imaginado los regates y carreras en la banda del ‘Gamo de Dublín’ gracias a las narraciones de Enrique Mariñas en Radio Nacional de España. Junto a Matías Prats formó la mejor dupla del periodismo radiofónico español de los años cincuenta.

En la década de los sesenta la televisión se incorporó a la oferta de ocio deportivo y acabó popularizando de forma definitiva el fútbol en nuestro país. Primero con las transmisiones en directo, y luego con un programa de resúmenes llamado Ayer Domingo, en referencia al retraso temporal obligado entre el partido disputado, el transporte en tren de las imágenes y el revelado y montaje de las cintas de cine.

Hoy eso ya no sería posible al considerar la LaLiga que a las 24 horas caduca el valor informativo y por tanto la difusión gratuita de esas imágenes. Su utilización obligaría, pasado ese tiempo, a pasar por caja con un coste inasumible para muchas televisiones, entre ellas la televisión pública, que ayudó a sacar a nuestro deporte de la era de las zapatillas de esparto. Lo mismo se puede decir de los diarios deportivos. ¿Se imaginan al AS, Marca, Mundo Deportivo o Sport impedidos de reproducir fotos de los partidos del fin de semana por que su valor informativo ‘ha caducado’? También a estos periódicos los clubes de fútbol les deben mucho.

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El contrapunto a este sinsentido lo pueden encontrar en el programa Conexión Vintage de Teledeporte, en el que Paco Grande y su equipo hacen un esfuerzo titánico para ordenar y recuperar nuestros viejos archivos de cine y recordar lo que fuimos, atravesando el tiempo, transitando desde las seis Copas de Europa de Gento al Sabadell de Rafael Arroyos o al Burgos de Juanito, de Cruyff al Pontevedra del Haiqueroelo, de Santana y Orantes a Nadal. Así construimos nuestra memoria, esa que se reactiva con un fotograma de Urtain o de Paquito Fernández Ochoa. ¿Entendería alguien que algún día caducase la épica de Bahamontes, la genialidad de Ballesteros o los redaños de Luis Ocaña, Ángel Nieto y Mariano Haro?

El fútbol vive tanto del talento de sus jugadores como de la pasión en las gradas y de su propia memoria. Alguien tendría que explicarle al señor Tebas que eso, menos mal, nunca caduca.

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