Adán, Rubén y a rezar

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Faltaban argumentos futbolísticos. Poca chicha en ataque, donde salvo Musonda sólo Rubén da síntomas de peligro. Volvió a marcar al canario, gol 16 por los 12 que llevan todos sus compañeros juntos. Gol estéril por esa verbena que hay atrás. Adán, a menudo la excepción, pegó su segunda cantada en dos partidos aunque lo volviese a tapar con paradones dignos de lo que es pese a dos lunares gordos ante el Málaga y en el Calderón: uno de los mejores porteros de Primera.
Tendrá el Betis como se esperaba que mirar a la final del sábado ante Levante, volver a construir sobre lo poco que alumbra a una plantilla que confeccionó al manotazo el ya desahuciado, menos mal, Eduardo Macià: la inspiración de Rubén y la redención de Adán. Falló, paró y acabó con una manita en sus redes el meta de Mejorada, al que habrá pese a todo que seguir rezando junto al 24 para próximos envites porque, sin ellos, existe serio peligro de segundazo.



