Ciclistas sin distancia de seguridad

Juan Mora
Importado de Hercules
Actualizado a

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Otro accidente de un ciclista. Éste, mortal. Atropellado por una moto. El año pasado, en la Vuelta, también dos motos arrollaron a ciclistas. A Paulinho y a Sagan. Afortunadamente, lo pueden contar. Cuando los accidentes se producen con frecuencia, comienzan a ser previsibles; entonces se convierten en imprudencias o descuidos. Tendrían, por tanto, solución, y es a lo que se refiere Contador: “Se necesita un mayor control de las motos”. Cierto. Se da por inevitable que en las carreras haya un gran riesgo con las motos. Hace dos años murió un guardia civil, y hace siete un motorista de la Guardia Republicana atropelló mortalmente a una espectadora en el Tour. Pero que se puede reducir el peligro es un hecho. Sobre todo con los ciclistas.

Las imágenes de la Gante-Wevelgem lo demuestran. En una foto se ven diez motos tras los escapados; en otra, ocho rodeándolos. ¿Son necesarias tantas? La del comisario, la de la pizarra, la de radio vuelta, la de asistencia técnica, la reguladora del tráfico o enlace, la de televisión, las de los medios gráficos... Quizá sí. Pero a lo mejor ni tantas, ni sobre todo tan cerca. Al director de carrera le corresponde prohibir, limitar y regular el tráfico motorizado que rodea a los ciclistas en cada momento. En la Vuelta, hasta la propia Guardia Civil le pide permiso para pasar a los corredores, y puedo asegurar que gracias a su intervención no hay más accidentes. Pero no basta. Los ciclistas necesitan una distancia de seguridad que no siempre tienen. Eso arreglaría el problema.

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