Perú contra sí mismo

Sin ninguna intención de quitarle méritos al planteamiento inteligente y práctico de Venezuela, Perú hizo todo lo posible por perder en el Nacional de Lima. Que Juanpi estuvo bien, que Rincón es un todoterreno y que cualquiera sufre para aguantar a Rondón… Todo eso es cierto, pero lo que también es verdad es que los de Sanvicente tuvieron en frente a un equipo tímido, torpe, inconexo, lento y sin ideas. Por 70 minutos, Perú no pudo haber jugado peor.

Comenzó bien, como suele suceder, pero algo que se está perdiendo un poco de vista en el país volvió a suceder: Paolo Guerrero ha bajado inmensamente su rendimiento desde que empezaron las eliminatorias. No le va bien en el Flamengo y en la selección arrastra actuaciones muy flojas, por decir lo menos. Ante Venezuela falló dos ocasiones clarísimas en el área rival, y marcó un gol porque Alain Baroja, el portero venezolano, no estuvo ni ágil ni atento. Antes, cuando al Perú le faltaba todo lo que le sigue faltando, por lo menos tenía a Guerrero.

Y también estaba Farfán. El ex jugador de Alianza Lima decidió retirarse del fútbol de alto nivel al irse a jugar a Arabia Saudita a vivir de los petrodólares. Para un futbolista que suele sufrir muchas lesiones, el relajo que supone jugar en una liga menor le ha pasado factura. Por más que sigue siendo el más talentoso del equipo, ya no puede ser regular y es cada vez menos explosivo. Sin Guerrero y Farfán a buen nivel, lo poco que le queda a Perú es algún arranque de inspiración de Cueva o una jugada aislada de Pizarro, de quien sabemos que es un jugador que finaliza y no uno que genera. Sobre todo ahora que tiene 37 años.

Del partido ante Venezuela no se pueden sacar casi conclusiones positivas. Quizás el buen nivel de Ruidíaz, Flores y Gallese, que tendrá que confirmarse con el tiempo. Todo lo demás es bastante oscuro: una defensa con un buen central -Zambrano- que se gana amarillas casi en cada partido que juega y otro -Ascues- que no es ni siquiera suplente en su equipo. Laterales irregulares e impredecibles, y dos mediocentros que no suelen estar a la altura de las exigencias. Futbolistas como Tomás Rincón están a un mundo de distancia de lo que pueden hacer, por ahora, Josepmir Ballón y Renato Tapia.

Ricardo Gareca empieza a ser duramente criticado por la misma prensa que ensalza cuando ganan y apedrea cuando pierden. No tienen demasiado claro –lo cual es abrumadoramente sorprendente- que ni aunque Guardiola aterrizara en Lima podría cambiar el rumbo de la blanquirroja. Piden que rueden cabezas –la del técnico siempre es la primera- sin tener idea de que también son (somos) parte del problema.

Y eso también juega un papel importante en el partido que Perú juega, desde hace más de 30 años, contra sí mismo.